Querido lector:
Desde nuestra columna de radio, en AM 1300 radio Identidad, queremos analizar el acontecer social, desde la perspectiva del hombre común, analizando las causas y promoviendo el modo de que estas puedan mejorarse, es por eso que vamos a ir subiendo los distintos audios para puedas escuchar una campana distinta a la que nos ensordecen todos los días. Espero sea de provecho. Marcelo Grecco
Evaluar una organización o
institución desde cifras tiradas al “boleo”, no es algo que en lo personal
pueda aceptar como profesional que soy, ni tampoco como ciudadano común. Los
números al “boleo”, llevan a juicios temerarios o a defensas sin fundamento.
La frialdad de los números aumenta cuando son
presentados sin un análisis concreto, son datos que no necesariamente se
convierten en información o peor aún informan, desinformando, tergiversan todo.
Tras esos números sin análisis, hay personas involucradas directa o
indirectamente.
No pretendo aquí describir un
procedimiento de análisis pero, sí las cosas básicas que a mí me gustaría que acompañaran
las presentaciones de números por parte de funcionarios, en relación con
instituciones u organizaciones, sobre todo cuando estas tienen una valía
especial para la sociedad y contribuyen al bien común. Algo similar pasa cuando
se habla de números sobre gastos en ciertas organizaciones estatales, desde la tribuna mediática,
para llevar agua a los intereses particulares.
Insistimos que no es un articulo académico,
sino profesional, pero pretendiendo hacerlo entendible para todos. Trataremos
de describir algunos pasos rudimentarios para un análisis, de contenidos que deberían acompañar la comunicación de ciertos datos, para que
estos no sean expuestos al boleo, ni como “mantras” marketineras, que solo
intentan imponer odios a unos y a otros en la sociedad.
Lo primero que deberíamos tener es
un organigrama, que “es un esquema o representación gráfica de la
estructura de una organización”, en el cual se refleja las distintas
direcciones / gerencias / jefaturas o los podríamos encuadrar en un simple nombre
de “departamentos”. Podes quedarte en alguno de los niveles o llegar hasta el
último “raviol” (como habitualmente se llama a las cuadriculas del organigrama),
en los más importantes se puede leer el nombre de quien es responsable de cada “departamento”
y en los más masivos, solo la cantidad de personas que ocupan el “puesto” en el
organigrama. Podríamos llegar a un nivel básico o ir a niveles más específicos,
incluso llegar al último de los puestos con la cantidad de personas que ocupan
esos puestos. Por ejemplo, como se ve en el grafico: De la Dirección General,
se desprenden las direcciones, aquí solo evaluaremos y veremos una de ellas, la
Dirección de Recursos Humanos, de la cual dependen, entre otras, la Gerencia de
Desarrollo y entre las tres jefaturas que tiene, solo analizaremos una, la
jefatura de Comunicaciones, que cuenta con la siguiente estructura: Analista
Sr., Analista SSR., Analista JR y Administrativo.
Un segundo análisis, se hará
sobre la razón de ser (propósito, objetivo) de cada sector, en relación con la
organización y su contribución para el logro del propósito organizacional. Dentro
de este análisis, incorporamos también la descripción de cada puesto dentro de
la estructura. El análisis de estos ítems, cruzados con la legislación, normas,
procedimientos e instructivos, nos permiten hacer un primer análisis de la
estructura, y su relación a las tareas que se deben realizar. En estos días
desde el marketing político se habla de una desproporción entre dos puestos de
una institución de valía, desproporción entre administrativos y personal
profesional relacionado con el objetivo de la institución. Cuando escuchaba
este mantra, sin información adicional, por parte de varios de los
interlocutores, pensaba en la experiencia de usuario de instituciones similares
e inmediatamente me parecía lógico esa desproporción, además recurrí a la búsqueda
de información a través de la tan mentada IA y esta me muestra que los números
no son tan así y que el personal profesional supera con creces al personal de
las áreas de apoyo, que no son solo administrativos. Los números expuestos además
no dan y no tienen relación con los expuestos de este ente que además tiene un “cogobierno”
entre dos estados, uno nacional y uno regional.
¿Esta estructura es la correcta?
No lo sé y tampoco se puede juzgar tan sueltos de cuerpo ni para un lado, ni
para el otro. Según la IA y las fuentes a las que estas van, ha tenido un
incremento en los últimos años. Para analizar si un incremento de estructura es
válido o no, hay que hacer un análisis de cuál es la razón de este, puede no
ser justificado, ciertamente y solo ser maniobras políticas o ser justificado
por nuevos procesos o incrementos de tareas o, en este caso, de pacientes, por
tanto, el incremento de estructura y de dotación no solo es válida, sino
necesaria.
La ligereza de juicios sobre número
infundados, en el sentido de sin un fundamento visible, sólo tiene como fin
justificar injusticias e inhumanidades, perdón por el término. Los ineptos,
según el discurso oficial, de empleados del estado aprobaron el 95 % en el
primer intento. Tan ineptos no eran, ¿no? Y vaya a saber cuánta plata se
llevaron las consultoras. Por eso, es necesario no creer en “mantras” políticos,
de cifras, sino ir a las fuentes que estén a nuestro alcance, o por lo menos
dudar de unos y de otros y no dar nada por sentado. Sobre todo, cuando se trata
de temas tan sensibles, como es la salud de los niños o personas con
discapacidad o jubilados.
Se habla mucho en estos días, de la necesidad de un ajuste en el
sistema previsional, es una de las exigencias o compromisos que el Fondo
Monetario al que volvimos -lamentablemente- en 2019, ha puesto en este nuevo
crédito que acaba de otorgar y si no lo propuso el fondo lo propusieron quienes
ocupan el gobierno de la Nación.
Pero no haremos aquí consideraciones sobre esta nueva entrega al FMI,
que como decía el padre Menvielle, “siempre busca hambrear al pueblo”.
Nosotros, humildemente nos permitimos aquí algunas reflexiones sobre esta temática,
aclarando que este no es un estudio pormenorizado y no pretende serlo, por
cierto. Ni tampoco quien escribe es un experto en el tema, solo un analista del
acontecer social, dedicado desde hace muchísimos años a aquello que tenga que
ver con las personas y el trabajo o, como se conoce comúnmente, a los Recursos
Humanos.
Por un lado, se plantean uno de los problemas que es la financiación
del sistema, en un contexto donde ha subido la expectativa de vida y ha
disminuido el índice de natalidad, ambos indicadores con tendencias a seguir
subiendo el primero y a seguir bajando el segundo, sin olvidar los cambios que
se vienen produciendo permanentemente en el trabajo y la consecuente
disminución de los puestos laborales tal y como lo conocemos.
En buena parte de los países europeos, se han corrido del esquema de
solidaridad, donde el único medio de financiación es el aporte de los activos y
se ha ido a una financiación con impuestos. Incluso la argentina, “hace décadas
(…) (que) no se financia con los aportes de los trabajadores, sino con recursos
del Tesoro, que provienen de impuestos que pagamos todos, el principal es el
IVA”, como afirmaba hace algunos días la directoria del CIPPEC en una
entrevista.
En la Argentina, además de haber disminuido la natalidad, ya hace unos
cuantos años, hay otro lamentable fenómeno que es el trabajo no registrado, el
que muchos atribuyen a las regulaciones laborales, lo cual puede ser cierto en
parte, pero también a la precarización del trabajo como una cuestión cultural y
no creo que esto cambie ni con la “reforma laboral” tan mentada, en este
sentido, no hacer cambios que amerita los cambios en las relaciones laborales,
sino legislar y validar la precarización y cierta explotación laboral. Claramente,
La informalidad suele ser, en mi humilde pensamiento, algo más cultural que una
realidad provocada por las leyes, hasta el Estado, que es quien debe dar el
ejemplo, pagan a sus empleados como “no remunerativos” o contratando a
monotributistas, etc., afectando de este modo montos indemnizatorios y futuras
jubilaciones.
Hace poco me contaban, como un
empleador hacía los cálculos de poner en blanco a los empleados o dejarlos en
negro y “llegar a un acuerdo”, en caso de algún conflicto. Tras ello hay mucho
más que un simple cuidado de intereses, hay un detrimento para ese empleado,
que no siempre puede elegir si trabajar en negro o en blanco, porque lo que
necesita trabajar, ya que está en la primera escala de la pirámide de Maslow. No
olvidemos que siempre hay una desigualdad natural entre quien ofrece el empleo
y quien puede responder con el trabajo.
Hay un defalco al estado, si y un daño a la sociedad, porque el trabajo
en negro o “negreado”, implica la imposibilidad de acceder a ninguna forma de
Seguridad Social, a la vez que contribuye a la desfinanciación del sistema,
ciertamente es un tema que hay que tratar de manera urgente, pero evitar
soluciones que no lo son, como los recordados “contratos basura”, de la década
del noventa, o cualquier forma de precarización de las relaciones laborales. Sin
duda, después alguien debe corregir alguno de los dislates que abandonaron a
miles de argentinos a la buena de Dios, esto causa una mayor erogación y cierto
escándalo de los que han causado la “precarización”. Quizás sea bueno que
trabajemos más socialmente el concepto de solidaridad, en que se asienta Seguridad
Social. Pero no será este el lugar para hacerlo.
Las propuestas de reforma son variadas. La más consensuada,
aparentemente, es el aumento en la edad jubilatoria, algunos la quieren llevar
a los 70 años y otros a 75 años, también algunos piensan en una primera etapa
en igualar la edad de la mujer a los 65 años (aunque para las nacidas sobre
finales de la década del 70) y la eliminación de regímenes especiales, muchos
de los cuales tienen su fundamento en el deterioro prematuro de cuestiones psicofísicas
y también de que por el avance natural de la vida implica que muchos no puedan ocupar
los puestos que ocupan con la destreza que corresponden a su tarea. Recordemos
que a partir de la ley 24241, de 1993, la edad se trasladó a los 65 años,
aunque esta se alcanzó definitivamente en 2001, ya que el aumento fue
escalonado.
En el último tiempo hubo una
modificación en la LCT, en su artículo 252, la persona podría optar quedarse
hasta los setenta, edad en la que el empleador puede intimar. Aunque esto no es
común y es bastante discutido, la intimación suele llegar al cumplir los
sesenta y cinco años.
Por otro lado, hay quienes quieren volver al sistema de capitalización
que la reforma del 93/94 había incorporado y que no tuvo los mejores resultados,
“La evidencia es contundente, todos los estudios que se han hecho sobre la
reforma en la Argentina de pasar del régimen de reparto al de capitalización
muestran que no solamente no fue una reforma equitativa, sino que tampoco
tendió a la eficacia”, afirma la experta ya mencionada. En estas semanas “negras”
en los mercados internacionales, se comentaba como los fondos de retiro habían
perdido muchísimo y a algunos prácticamente la jubilación le había quedado en
cero, así lo mencionaba un cronista desde Estados Unidos contando su caso
personal. Estos fondos tienen una dependencia absoluta del mercado bursátil,
que todos sabemos lo que implica la “timba financiera”, donde siempre ganan los
mismos.
No menos cierto es que, las “reservas” en el estado nunca han sido muy
confiables, pero también es cierto que ellas cada vez son menores en lo que
hace a un modelo de solidaridad exclusivo, sin un aporte de la financiación con
impuestos.
Sé que la palabra impuestos es muy resistida por muchos y corre el
famoso “con la nuestra”, lo que en realidad es falso. No vivimos en soledad y
conformamos una sociedad en la que somos parte. No estamos solos y por encima
del bien particular, está sin duda el bien común. La contribución para que el
Estado pueda desarrollar las políticas necesarias para el bien común es un
deber y a partir de que colaboramos ya ese dinero deja de ser nuestro, para ser
parte del Erario. La visión individualista de la vida lleva a algunos a
protestar contra los impuestos (cuando estos son razonables) y a otros, muchos
en la historia, a usar de ese dinero de la nación para beneficios personales,
en lo que llamamos corrupción a gran escala, porque también está la corrupción
del hombre de a pie que solo busca su negocio personal. La famosa “mordida” que
tan bien retrataba aquel paso de comedia de la “Tuerca”, en los años sesenta*…. ¡Nada
hemos aprendido! La corrupción de los que deben manejar el erario público y de
los evasores y de aquellos que se regodean con la destrucción de un estado,
siempre clama al Cielo, porque siempre queda la huella en las personas que integran
la Nación.
Volviendo al tema que nos ocupa, creo, en lo personal, que un cambio paulatino
y razonable en la edad jubilatoria no sería algo irracional. Siempre que sea
razonable la modificación, en este sentido, establecer la edad mínima en
setenta años, sería factible, siempre que se tenga en cuenta algunas cosas, la
primera es que la modificación sea gradual, de manera que vaya subiendo la
misma y que el proceso lleve unos diez años hasta que quede totalmente
establecida. Claramente, no estoy de acuerdo con cierta propuesta de que sea la
edad mínima setenta y cinco años, esto me parece irracional y una locura total.
Por otro lado, la profesional de la CIPPEC, citada, tiene una idea que
me agrada, en la misma propone, que no haya un requisito mínimo de años de
aporte y que esto sea un diferencial en la jubilación. Por supuesto que debería
la “jubilación mínima” ser razonable para que las personas puedan por lo menos subsistir.,
aunque no me parece mal que haya posibilidades de moratorias, en un contexto
argentino donde el desempleo es cíclico y la informalidad una cultura demasiado
arraigada, e incluso avalada por leyes, como las comentadas de la década del
noventa.
Por otro lado, me parece no menor analizar las políticas que promuevan
el empleo en blanco en general, pero especialmente aquellas que promuevan que
las empresas no “descarten” y a la vez tomen a personas mayores de cuarenta y
cinco años, estos tienen mucho para aportar.
Crear políticas efectivas que, permitan a las empresas conocer las
competencias de esta gente, pertenecientes a una generación que ha vivido los
mayores cambios de la humanidad y se han ido adaptando -cada uno a su forma-,
parece ser una medida absolutamente necesaria, sobre todo si pretendemos
extender la vida laboral activa, por medio de cambios radicales en los sistemas
de la Seguridad Social.
Sin estas políticas efectivas, deberíamos replantearnos ciertamente el
tema de la conveniencia o no de correr la edad jubilatoria, pues estamos
dejando a muchísima gente fuera de la posibilidad de la subsistencia en los
últimos años de su vida. Aclaremos que la opinión vertida, sobre la
conveniencia de correr la edad jubilatoria, está ciertamente supeditada a este
punto tratado. De nada vale correr una edad, si el rango de mayor cantidad de
personas no puede realizar aporte por estar en fuera del mercado laboral. No
olvidemos que el índice del desempleo esta subiendo y las personas mayores
siempre son las primeras que son “descartadas”, algunos olvidan que la juventud
es algo que se cura prontamente, solo deben pasar unos años…
No lo olviden los jóvenes en
puestos de gestión y decisión. Pero tampoco olviden, aquellos que creen que
tienen sus vidas económicamente resueltas hasta el final - y que están en los
lugares de decisión -, que hay muchos que no la tienen, por diversas razones, y
que dependerán, cuando sus fuerzas se vayan agotando y las enfermedades les sobrevengan
- algo propio del ciclo natural – de la jubilación para la que aportaron,
siempre que los dejen trabajar y no sean “descartados” vilmente. No por nada la
Doctrina Social de la Iglesia ha procurado siempre promover los sistemas de
Seguridad Social.
Recordemos, entonces, que la
financiación ya no es exclusiva de los aportes de las personas en actividad. Si
fuéramos más eficientes, por ejemplo, en lo que hace a dar las respuestas
administrativas de los reclamos, evitando poner en marcha la maquina judicial,
que solo logra la erogación de sumas importantísimas de dinero en el aparato
judicial y en la retroactividad que, por supuesto no disfruta el jubilado en su
totalidad, cuando este alcanza a cobrar los juicios en vida y no lo hacen sus
herederos. Algo que quedo demostrado con la Reparación Histórica cuando el
ANSES tomo los legajos de los jubilados y les dio lo que correspondía de manera
inmediata, algo resistido más por los abogados y hubo varios que la rechazaron
y siguieron con el juicio que nunca vieron culminado.
En resumen, sin políticas de empleo efectivo no veo factible una
reforma previsional, sin que se afecte a una porción amplia de la población. En
un contexto del pleno empleo, al que parece no llegaremos en lo inmediato, por
el contrario todo hace prever un crecimiento importante del desempleo en los
próximos meses y años, no solo por las políticas económicas, sino también por
un cambio importante en los modos del trabajo, donde el hombre vuelve a ser
descartado por la maquina o la tecnología, estoy de acuerdo con una reforma
gradual que lleve la edad a setenta años, sin cantidad máxima de años de
aportes, con un mínimo universal y un ajuste por años de aportes que permita, a
las personas que están en la última etapa vital, poder afrontarla con calidad
de vida, algo que los que están en las escalas más bajas no logran hace años. Por
supuesto que ese mínimo universal debe ser verdaderamente digno y no como los
números actuales de miseria.
Un párrafo final sobre una triste realidad, estoy convencido que hay
muchos que quieren volver a la época donde no había una legislación laboral y
por supuesto no existían los sistemas de la seguridad social, tampoco había
sistemas de salud adecuados y las expectativas de vida eran muy bajas. Que
buscan definir el trabajo como simple mercancía, sin distinguir que no hay la
misma fuerza entre quienes son empleadores y quienes ponen su trabajo al
servicio de las empresas, sin entender que el trabajo tiene por sujeto al
hombre, a la persona con toda su dignidad que nunca puede ser vulnerada. En
esta asimetría pueden producirse las más terribles aberraciones, la mayor
explotación, porque se puede jugar con la necesidad básica de algunos. La
explotación laboral no se termina con una expresión diferente de las cosas,
como creen algunos.
Sin duda, se quiere volver a épocas y a doctrinas donde las personas son
un engranaje de la economía y no la economía y la política son para el hombre.
Quieren volver a épocas, donde la dignidad de la persona humana es denigrada,
en especial en el trabajo. Nosotros renovamos el compromiso de que el hombre –
en toda su dimensión - es el sujeto del trabajo y como tal debe ser respetado,
las leyes laborales y los derechos (sin olvidar las obligaciones) deben ser
respetados y deben permitir el acceso de todos los hombres a los sistemas de la
Seguridad Social. Esto último es una cuestión moral, no por nada la Iglesia en
su Doctrina Social ha sido una voz irrefutable que ha promovido ambas
cuestiones, no por nada se la odia y niega a diestra y siniestra. Volver a ese
pasado, es lisa y llanamente inmoral.
Como verán es solo una reflexión que seguramente abre muchos temas para
que mascullemos y que estemos atentos frente a personajes que hablan y degradan
al hombre en el ámbito del trabajo.
El hombre es el gran sujeto del trabajo, ha
dicho el gran Juan Pablo II, que dedicó gran parte de su magisterio sobre el
particular. Él mismo había sido un trabajador en su Polonia natal y trabajaba
mientras estudiaba clandestinamente en el seminario, porque los regímenes
totalitarios habían puesto en jaque la formación sacerdotal.
Hoy recordamos el trabajo y a los trabajadores, ponemos a ellos en manos de San
José Obrero, como lo hizo Pío XII en la década del cincuenta en el siglo
pasado.
Pero, y más allá de lo personal, no puedo menos que mencionar, a quienes en
estos últimos tiempos han perdido sus lugares en el ámbito del trabajo, por lo
menos en el trabajo formal de lo que tenemos información. El desempleo o paro,
como se decía en otros lugares del mundo, siempre es una triste realidad y,
sabemos que lo que ocurre en la Argentina, aunque no en sus niveles, está
ocurriendo en el mundo entero.
Más de cuatrocientos mil puestos formales, implica un dato bastante doloroso y,
por lo que vemos y escuchamos de varias industrias y empresas en la Argentina,
esto va en aumento.
Cuando hablamos del hombre como sujeto del trabajo, hablamos de la persona y su
dignidad, cuando hablamos de un puesto de trabajo que se pierde, hablamos de un
desocupado, de una familia que sufre, de una sociedad que se ve afectada. Por
eso no podemos ser indiferentes.
Tampoco podemos y, como profesional del área de Recursos Humanos especialmente,
desconocer que hay una realidad que nos debe poner en alerta para encontrar
soluciones que permitan que el hombre pueda realizar el trabajo que es parte
constitutiva de su ser y necesaria para su supervivencia. Preguntas éticas
deberían plantearles a políticos, empresarios y demás actores principales de la
vida social. ¿Es necesario tanto avance? ¿Los frutos del avance son para la
familia humana o para unos pocos? ¿Toda la ingeniería poblacional, que ha
provocado la muerte de tantos no nacidos, era para esto, que cada vez seamos
menos?
Esos pocos deberían recordar algo que, siempre se dijo gráficamente, pero que
el Papa Francisco se animó a decirlo en público con esa imagen del "cajón
sin bolsillos. En toda su Doctrina Social, la Iglesia ha hablado de un hecho
que "clama al Cielo" y es esa injusta y loca distribución de las
riquezas. Veamos algunos negocios ultra millonarios que nada producen y que
transforman a personas como mercancías.
El hombre debe trabajar, que quiere decir transformar, crear, etc., siempre.
Pero, también debe vivir del fruto de su trabajo.
No sé si podemos festejar este día, sabiendo que hay tanta gente sin trabajo y
pensando que habrá muchos más sino hacemos algo.
Otro fantasma rodea el mundo y es el volver a épocas donde las personas que
trabajaban no tenían ninguna ley positiva que respetará el derecho natural y,
por tanto, sus derechos como personas en el ámbito del trabajo. Fue la Iglesia
que levantó su voz y a la cual se sumaron muchos más y se lograron leyes que
permiten el respeto a las personas. Leyes que pueden ser actualizadas a los
tiempos que corren, pero que no pueden dejar de lado la dignidad de la persona
humana y protejan a las personas de las consecuencias de la fatiga del trabajo.
Leyes que, a su vez, permitan una armoniosa relación del Capital y el trabajo.
Me olvidaba, el trabajo informal es una forma de explotación que debemos
repudiar, mucho más cuando esa informalidad es promovida desde el estado en
contrataciones viciadas o en esa mixtura entre lo formal y lo informal, en la
forma de pagarlo.
Perdón las pálidas, pero uno se va poniendo viejo y no puede ya dejar de decir
algunas cosas, aunque nunca nos hemos callado del todo.
A pesar de todo, a los que tienen, a los que tuvieron y hoy descansan ya de esa
fatiga o la han transformado en otras pequeñas cosas, pero sin remuneración y a
los que han perdido y que buscan con ansias, les deseo un ¡Feliz día del
trabajo!
Marcelo Grecco
Inicie este escrito, pensando que
podía describirlo, pero a poco de pensar opciones me di cuenta de que por mucho esfuerzo que hiciera, los que no han vivido la experiencia, simplemente, “no
lo entenderían”.
Es que se hace piel, esta en
nuestra sangre, aunque no se vea en los análisis. Es que se hace vocación y
vocación de servicio, de entrega… Vocación que lleva, aún con los cambios en la
vida social, a hacer todo lo posible para unir, para comunicar e incluso para
mucho más que eso, porque claramente hay servicios que hemos hecho que tienen
un valor social único. Lamentablemente hay muchos que, por más esfuerzo que se
haga, “no lo entenderían”.
No, no entenderían, que sea mucho
más que un simple empleo y que aún cuando vos ya no estas ahí, sigas en lo
profundo sintiéndote parte. No se puede explicar la sensación interior al ver
una sucursal en ese pueblito que visitas y que tiene un valor social increíble,
cuando ves a ese “cartero” con su uniforme por las calles o, incluso una
camioneta con el logo… Por más esfuerzo que hagas, “no lo entenderían”.
Alguno interpondrá como excusa
los errores y no tan errores de los “judas” de todo grupo humano, es que ellos
tampoco lo entendieron. Como muchos otros que pasaron sin pena ni gloria, que
no pudieron entender la esencia de serlo.
Por todo eso, tomando lo que
dicen los scouts, seguimos diciendo “Telepostal un día, telepostal siempre”.
Feliz día para los que fueron,
los que son y, esperemos, para los que serán. El resto “no lo entendería”
Hace apenas unos días ha dejado este mundo una de las locutoras emblemáticas
de la radio, Rina Moran, que hacía dúo con Beba Vignola.
La radio ha estado presente en
mi vida desde mi más tierna infancia y este dúo de locutoras junto a Larrea por
un lado y la gente de radio El Mundo por otro, me llevaron a amar un medio que
creo hoy va perdiendo su magia.
La radio es por naturaleza voz y no imagen. Una voz que mueve a la
reflexión y promociona la imaginación. Aquella radio de Larrea, Mesa o
Minguito, entre otros, con sus pasos de comedia o en radio Nacional con su
radioteatro, permitían a las personas que imaginaran espacios y personajes, quizás
demasiado distintos a los que le ponían sus veces.
Las voces de los locutores era un misterio y sus caras también. Los
encargados de la locución eran personas sin edad, podían ser un niño o un adulto
mayor, un joven glamoroso o un anciano enfermo.
Rina Moran y Beba Vignola, eran además las risas de la radio, risas que
contagiaban y alegraban la mañana. Si mal no recuerdo han llegado a tener su
propio programa por la tarde.
Yo entiendo que se requiera ir a los nuevos medios, pero quieren que
les diga la verdad, la radio es voz y no imagen. Y lo digo viendo radio por YouTube,
creo sin ninguna duda que le quita la magia. Hace tiempo venía pensando esto y
la muerte de esta grande, que fue opacada quizás por otro gran actor, me
pareció bueno este homenaje.
En Rina Moran y Beba Vignola, vaya mi homenaje a esos grandes de la
voz, como Nora Perle, Estela Montes, Pinki y tantas otras voces que se me van
los nombres. Mi reconocimiento a aquella radio de la voz, que nos permitía ese
mundo de la imaginación y de la creación de imágenes, de situaciones y de
personajes, que nos ayudaba a vivir momentos únicos y que quedaron para siempre
grabados en nuestra vida.
A esa radio que, hay que decirlo, también fue usada para el mal y
cuando la decadencia social se reflejo en sus voces, fundamentalmente en
algunas radios de FM que se dedicaron a corromper, masas de jóvenes. Alguna vez
publicamos un articulo sobre la “Perversión de la Radio”, denunciando a
personajes que hoy siguen vigentes.
Sin embargo, el resultado es sumamente positivo para mí y hoy me quedo
con aquella radio de valores, de respeto, de comedia que supieron hacer
personas como la querida Rina Moran, por quien rezo y pido al Señor le otorgue
el descanso eterno.
Este fue el título de nuestra pequeña columna de radio, en el
programa de Mónica Sosto, en la querida Radio Identidad. Con él tratábamos las terribles inundaciones en la
Ciudad de La Plata que se habían dado el dos de abril de 2013. Resaltábamos una
historia donde la tragedia había echado por tierra los rencores entre vecinos
Hace varios días estoy escuchando toda la situación en Bahía
Blanca sumamente superior a lo ocurrido en La Plata.
La tragedia se lanzó
sobre esta ciudad. Una tormenta se paró horas en la zona y provocó una de las
más terribles inundaciones de la historia, duplicando todos los máximos
registros que se conocían hasta el momento.
El agua corrió y penetró en las casas, llevándose vidas,
arrasando con todo lo que encontraba a su paso. Se llevó vidas, esto no hay que
olvidarlo, vidas humanas y la vida misma de los humanos que estaba en sus
esfuerzos, en sus recuerdos, en sus pocos o muchos bienes, en sus remedios,
etc.
Todo, literalmente,
corría por las calles arrastrada por el agua, sumando todo lo que iba a su
paso. Se llevo cañerías, calles enteras desmorono muros y dejó otros en serio
riesgo. Algunos salvaron sus vidas y sobrellevaron el momento por haber podido
subir a alguna habitación en las alturas.
Si lo material es terrible, no puedo imaginar lo emocional y
psicológico. No puedo “ponerme en el lugar de ellos”, no porque no quiera, sino
por más esfuerzo que haga no puedo imaginarme lo que han de estar sufriendo. Y
si me pusiera a buscar encontraría un montón de hechos de vecinos que dejaron
de lado todo, para ayudar a otros. Héroes, personas que aman. Algunos se
sentían emocionados por la cantidad de gente que se movilizó de manera
inmediata, para ayudar a Bahía Blanca, es que el amor es el único que mueve
montañas.
Pero no pasaron ni dos días que empezaron algunos
editoriales que entraron a buscar la quinta pata al gato, personas que decían
como que no llegaba la ayuda, cuando la misma no había ni salido de Buenos
Aires…. Cuando las rutas habían sido devastadas. Si en condiciones normales se
tarda suficiente tiempo, cuanto más con un frente de tormenta que no se fue
hasta dos días después de la zona y rutas que quedaron peor que si hubiesen
sido bombardeadas (sumados a los problemas ya existentes). Mientras la gente
ayudaba como podía, muchos voluntarios no ahorraba esfuerzos y muchísimos
vecinos de Bahía Blanca seguían sufriendo las consecuencias, estos periodistas solo buscan defender lo indefendible y cambiar
el foco de las miradas, para ocultar a quienes deberían estar haciendo lo que
les corresponde, bajar todas las guardias y sentarse en un gran comité y marcar
las directrices estratégicas para el desarrollo de las acciones concretas para
la reconstrucción primero y después en el diseño de acciones para que esto no
suceda nuevamente. Pero no viajaron para ver quien llegaba primero y hubo una
ministra que iba con la cámara atrás para publicar videítos.
¡Basta de vídeos! Mas acción en serio y menos videítos, más
acción y menos posteo. Mas amor por la argentina y menos odio entre ustedes.
Mas amor por la gente y menos por sus intereses.
A esta gente de Bahía, como a los que se les quemó todo, no
les quedó casi nada, solo les quedó el amor que ellos tienen por ellos, por sus
familias. Porque claramente al final de todo lo único que nos queda es el amor.
No dudes en ayudar a Bahía Blanca y no te olvides también de
enviar útiles escolares y esas otras cosas que todos necesitamos para la vida
cotidiana, porque no les ha quedado nada
Ojalá entiendan quienes gobiernan y comunican, que hoy
parecen están más preocupados por el caos y el odio. Que entiendan quienes
ostentan el poder que, más temprano que tarde, en la cama del moribundo, con mejor
o peor hotelería, solo es el amor que diste y que recibiste lo que Tenes en la valija
y lo único que te va a ayudar a atravesar ese momento.
Este era un
escrito para el 17 de agosto, un nuevo aniversario del inicio del noviazgo de
mis padres creía que era lindo homenajearlos juntos con un texto, que quizás
sea el preámbulo de algún trabajo un poco más amplio sobre mis padres, Amalia y
Domingo.
Creo
fervientemente que su amor fue testimonio del verdadero amor cristiano, ese por
el cual fue martirizado San Valentín, por eso me pareció un buen momento para
publicar este articulo y honrarlos. Sé y a la vez lo deseo sinceramente, que su
ejemplo sea de provecho a las nuevas generaciones. Que San Valentín y la
Sagrada Familia de Nazaret intercedan por los jóvenes.
Marcelo
Grecco
Verde era el color del papel
en el que, aquel joven escribió aquella declaración de amor. Era Domingo,
quizás en el contexto de las Fiestas Patronales, cuando con dulzura y temor la entregó,
junto a la imagen del Sagrado Corazón que se veneraba en la antigua Parroquia.
Ella al leerla, comprendió
aquello que tiempo atrás le había ocurrido: sin saber quién era él. Al verlo, le
vino un pensamiento: “con este hombre tendré cuatro hijos” (siempre aseguró que
para ella eran cuatro varones)[1].Pronto daría un sí, que se repetiría a lo
largo de muchos años.
Aquel 17 de agosto de 1958, comenzaban
el camino del amor, en la histórica San Bernardo que inmortalizó Marechal
cuando su Adán Buenos Ayres, le rezó al Cristo de la Mano Rota[2]
que se yergue majestuoso en el frontispicio del hermoso, hoy ya, centenario Templo.
“Remedios de Escalada de San
Martín, nuestra calle”, repetían cada vez que a lo largo de los años volvían a
pasar por ella. Es que por esa calle fue donde los “tortolitos” iniciaron,
tomados de la mano, su largo camino juntos.
Como toda nueva empresa y
vaya que el amor lo es, la incertidumbre y los miedos se hacían presente cada
día, cada hora, cada segundo. Se plasmaron en cartas los fundamentos de aquel
amor y quizás sin saberlo, planteaban la esencia de las relaciones humanas. El
fundamento no podía ser la pasión, esa puede ser una ráfaga que pronto apague
el fuego, no debe ser el “encantamiento” que deslumbra y enceguece, debe ser el
amor de benevolencia, de entrega, de despojo, que permite conocerse con
defectos y virtudes y aceptarse con ellos. Amor que no es fácil y que siempre
cuesta y mucho.
¿Qué depararía el futuro?
Solo Dios lo sabía, ellos debían vivir ese tiempo, deseando estar juntos y irse
comprometiendo cada día para mantener la llama prendida. ¡Y vaya que lo
hicieron!
Pero pronto llegó la primera
dificultad, cuyas secuelas los acompañaría toda la vida. Un serio problema en
la salud de Domingo apareció producto de secuelas de una cirugía y el proceso
de recuperación fue largo y desafiante.
“Anda y búscate otro que te sirva para algo”, sentenció
él con el “dramatismo” propio del actor que llevaba adentro. Ella se negó a
abandonarlo y quizás fue, desde ese día, “la mujer fuerte del Evangelio” en el
hogar que pronto formarían.
Sin mucha espera, un año y
tres meses después, en la misma Parroquia donde se enamoraron, donde iniciaron
el noviazgo, sellaron frente a Dios la alianza que los juntaría por más de seis
décadas. Es que aquel sí, frente al Sagrado Corazón, se renovaría cada día.
Ellos mismos aconsejarían siempre a los jóvenes no pasar un día sin expresarse
el amor, el “te quiero” o “te amo”. Ellos lo decían con palabras y con obras.
Pensar que no hubo penurias,
dolores, angustias, sufrimientos, sería pensar erróneamente, sería creer que
eran ángeles y no, eran humanos con virtudes, que sobresalieron, pero también
con defectos que sobrellevaron. No poco, fue lo que soportaron con grandeza de
alma, con un corazón lleno de caridad, que incluso les hacía perdonar y a veces
hasta disculpar a los que les atacaban.
Ellos me enseñaron,
especialmente mi madre, a comprender que no se puede ver al otro, sin
comprender su historia, sus sufrimientos. La maldad de algunos era justificada
viendo en la causa de esa forma de ser. Esto no quería decir que no se
respondiera a los ataques, pero debo decir que ambos, especialmente Amalia, sabían
como hacerlo con la altura que muchas veces desarmaba al agresor y lo dejaba
sin argumento.
Pero además no sobrellevaron
la vida y sus pesares con tristeza, sino con alegría del alma. Una alegría primaveral,
una alegría de corazón, una alegría que contagiaba y daba esperanzas. Ambos
cortaban muchas veces los momentos más duros, con un chiste y un gran humor.
La sonrisa, la alegría en
ellos no era el bullicio, era amor, su alegría era sin duda posible por la
expresión de su amor. Alegría que se expresaba con una puerta abierta del hogar
para recibir y una gran mesa donde se servían siempre. Amalia desaparecía
silenciosamente y en un rato traía algo para compartir.
La música nunca faltó y de la más variada, por
cierto. Como digo expresiones de la alegría y la alegría compartida. No por
nada reza el cartel en su casa: “En esta casa siempre es primavera”.
Pero volvamos a aquellos
“tortolitos”, que caminaban por Remedios de Escalada. Aquella imagen, que
podemos imaginar tomados de la mano, se reprodujo hasta los últimos días. A más
de cincuenta años, ya no caminaban por aquella calle, pero si por su adorado
barrio de Versailles y ese caminar admiraban a propios y extraños que, al verlos,
solían comentar que parecían una parejita de novios que recién empezaban. Aquel
amor maduró y se sostuvo, porque supieron alimentarlo y hacerlo siempre nuevo.
Luego vino el dolor y la
imposibilidad de caminar, pero siempre estuvieron juntos, de la mano, unidos
aún cuando no pudieron estarlo.
En el último calvario,
cuando la locura y la deshumanización separaron los cuerpos, no pudieron
hacerlo con las almas. Mientras una sufría en esa sala deshumanizada y sin el
contacto de los seres queridos, el otro tenía el corazón destrozado y lloraba
en su silencio y oración. Antes de irse
a la internación, sufriendo en el cuerpo y sintiéndose realmente mal, cuida que
él no sufra por verla sufrir y cuantas veces el trataba de disimular que había
tenido un ataque, para que ella no sufriera, sobre todo en el tiempo de su
enfermedad. Si, tal era la delicadeza con que se cuidaban el uno al otro.
La muerte los separó físicamente, pero no en el espíritu: “parece que mi corazón
se estruja como si aún la tuviese a mi lado”, le escribió Domingo, a una amiga
de la familia. Al leer esta frase, “el sepulturero, a veces, entierra un corazón
sin saber que también entierra otro corazón…” agregó: “Maluca mi corazón está
en esa tumba.” Y aunque no se dejó morir, se fue apagando como se apaga un
pucho.
Le había quedado su sonrisa
en el retrato elegido para despedirla, pero más aún grabada en su corazón. Por
eso a la sentencia de Cristóbal de Castro: “Hay mujeres que dejan el mundo y se
llevan la luz al dejarlo”, él responde: “Y hay otras, que nos dejan su sonrisa,
que es luz para nosotros”.
Le quedaban unos años de
destierro y aquel retrato hizo visible su presencia. En él le daba el beso que
no podía darle. El primero a la mañana y el último a la noche. Antes de salir
se despedía y al volver iba a la habitación a verlo y contarle por donde
habíamos andado. Allí le contaba las penurias, alegrías de la familia, con él
consultaba decisiones y cuando nos pedía algo para regalarnos a nosotros decía
que lo había consensuado con ella y que ella quería que se hiciese tal cosa o
tal otra.
¿Locura? ¿Duelo? Podrá la
ciencia imaginar mil explicaciones, para nosotros era simplemente amor.
Sesenta y dos años habían
caminado juntos en esta tierra, sorteado obstáculos, disfrutando de hijos y
nietos, gozando alegrías y cargando cruces. Era amor del bueno, sin duda. Yo
creo que hoy no escasea, sino que se tiene miedo a darlo, porque vale más el
“amor propio” que el verdadero amor que es de entrega. Cosas de esta época.
De más está decir que ningún
17 de agosto faltó una flor y si era posible un regalo, el último lo pasaron
separados, ella internada y él en la casa. Un prendedor llegó al hospital y un
“te amo” sincero y mutuo, quedó eternizado en los audios, todavía Dios les
daría unos meses más juntos. ¡Bendita tecnología que permitió acercar a las
personas, cuando la locura se apoderó de nuestras vidas!
La última mirada de Domingo
fue hacia el retrato, luego preguntó la hora y sonrió, vaya a saber qué
recuerdos le trajo. Comenzó a irse, atinamos a ponerle el retrato en su corazón,
pronto los tortolitos, creemos confiados, volverían a verse, sus cuerpos en la
misma tumba, su alma en el mismo Cielo.
Aquel amor sellado, se había
hecho eterno, se había fundido en el Amor. Hoy, contemplan juntos tomados de la
mano, al Corazón amado de Jesús, frente al cual sellaron su amor, aunque ya no en
una sacra representación, sino frente a Aquel que es fuente, en cada latido, de
Amor.
Aquel Domingo 17 de agosto
de 1958, comenzaron su camino. Ahora ellos, ya en el “Domingo sin ocaso”, créanme,
son Novios Eternos.
Supla la Gracia y el amor,
la deficiencia de la pluma.
[1] Y
Dios le concedió seis hijos, los cuatro varones “profetizados” y dos niñas. Dos
de aquellos varones partirían pronto al Cielo.
[2] “La
iglesia de San Bernardo yergue su torre única en la noche: cerrada está la
verja, desierto el atrio y sin más vida que la de sus palmeras desmelenadas al
viento. Adán Buenosayres se ha detenido allí, con el resuello agitado y el
corazón batiente. Prendido a la reja, mira en torno suyo y escucha: nadie y
nada: se han callado las voces y desvanecido las imágenes. Entonces la espesa
nube de sus terrores, angustias y remordimientos estalla en un sollozo que lo
sacude y ahoga, como la náusea de la curtiembre. Luego, sin abandonar la reja,
levanta sus ojos hasta el Cristo de la Mano Rota; y permanece así, mirándolo y
llorando suavemente: —Señor, confieso en ti al Verbo que, sólo con nombrarlos,
creó los cielos y la tierra. Desde mi niñez te he reconocido y admirado en la
maravilla de tus obras. Pero sólo me fue dado rastrearte por las huellas
peligrosas de la hermosura; y extravié los caminos y en ellos me demoré; hasta
olvidar que sólo eran caminos, y yo sólo un viajero, y tú el fin de mi viaje.”