El viernes y ayer ganó sendos partidos la selección argentina de futbol y estamos realmente felices, no solo por el resultado sino por la garra de este equipo, que día a día se lleva el entusiasmo y la emoción de los argentinos. Algunos de nosotros llevamos mucho tiempo, gracias a Dios, emocionándonos con los triunfos del seleccionado, ya dedicaré, si Dios quiere, algún artículo a mi experiencia con las cuatro copas del mundo de la que fui testigo y el subcampeonato. Si, cuatro, no estoy equivocado porque sumo la juvenil de 1979.
Ahora bien, en medio de esta alegría y euforia mundialista, no puedo dejar de ver que se aprobó el Súper Rigi y que se quiere aprobar la ley de propiedad privada, la cual busca la entrega de nuestro territorio. Fui testigo cuando un asesor de una senadora muy importante del gobierno buscaba la vuelta para incluir que los estados tengan, a través de empresas, la posibilidad de comprar tierras en la Argentina. Para esta última se sacó la piedra en el zapato a la cual el viernes le pusieron limitaciones para salir del país, aunque sigue con custodia que pagan, como decían ellos, "con la nuestra". También ese día un imitador de Oyarbide (para los más jóvenes juez que de la noche a la mañana cerro una causa por enriquecimiento ilícito) saco las querellas del caso LIBRA.Pero si algo faltará a la entrega, por primera vez un presidente va a la embajada a celebrar una independencia ajena y una bandera extranjera se izaba en el monumento a la bandera Argentina y no hablemos de los festejos que permitió en el Sheriff lobo (más lobo que sheriff) porteño.

¡Que Argentina salga campeón!
Pero no dejamos de rezar
¡Salva al Pueblo Argentino, Sagrado Corazón!
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