El hombre es el gran sujeto del trabajo, ha
dicho el gran Juan Pablo II, que dedicó gran parte de su magisterio sobre el
particular. Él mismo había sido un trabajador en su Polonia natal y trabajaba
mientras estudiaba clandestinamente en el seminario, porque los regímenes
totalitarios habían puesto en jaque la formación sacerdotal.
Hoy recordamos el trabajo y a los trabajadores, ponemos a ellos en manos de San
José Obrero, como lo hizo Pío XII en la década del cincuenta en el siglo
pasado.
Pero, y más allá de lo personal, no puedo menos que mencionar, a quienes en
estos últimos tiempos han perdido sus lugares en el ámbito del trabajo, por lo
menos en el trabajo formal de lo que tenemos información. El desempleo o paro,
como se decía en otros lugares del mundo, siempre es una triste realidad y,
sabemos que lo que ocurre en la Argentina, aunque no en sus niveles, está
ocurriendo en el mundo entero.
Más de cuatrocientos mil puestos formales, implica un dato bastante doloroso y,
por lo que vemos y escuchamos de varias industrias y empresas en la Argentina,
esto va en aumento.
Cuando hablamos del hombre como sujeto del trabajo, hablamos de la persona y su
dignidad, cuando hablamos de un puesto de trabajo que se pierde, hablamos de un
desocupado, de una familia que sufre, de una sociedad que se ve afectada. Por
eso no podemos ser indiferentes.
Tampoco podemos y, como profesional del área de Recursos Humanos especialmente,
desconocer que hay una realidad que nos debe poner en alerta para encontrar
soluciones que permitan que el hombre pueda realizar el trabajo que es parte
constitutiva de su ser y necesaria para su supervivencia. Preguntas éticas
deberían plantearles a políticos, empresarios y demás actores principales de la
vida social. ¿Es necesario tanto avance? ¿Los frutos del avance son para la
familia humana o para unos pocos? ¿Toda la ingeniería poblacional, que ha
provocado la muerte de tantos no nacidos, era para esto, que cada vez seamos
menos?
Esos pocos deberían recordar algo que, siempre se dijo gráficamente, pero que
el Papa Francisco se animó a decirlo en público con esa imagen del "cajón
sin bolsillos. En toda su Doctrina Social, la Iglesia ha hablado de un hecho
que "clama al Cielo" y es esa injusta y loca distribución de las
riquezas. Veamos algunos negocios ultra millonarios que nada producen y que
transforman a personas como mercancías.
El hombre debe trabajar, que quiere decir transformar, crear, etc., siempre.
Pero, también debe vivir del fruto de su trabajo.
No sé si podemos festejar este día, sabiendo que hay tanta gente sin trabajo y
pensando que habrá muchos más sino hacemos algo.
Otro fantasma rodea el mundo y es el volver a épocas donde las personas que
trabajaban no tenían ninguna ley positiva que respetará el derecho natural y,
por tanto, sus derechos como personas en el ámbito del trabajo. Fue la Iglesia
que levantó su voz y a la cual se sumaron muchos más y se lograron leyes que
permiten el respeto a las personas. Leyes que pueden ser actualizadas a los
tiempos que corren, pero que no pueden dejar de lado la dignidad de la persona
humana y protejan a las personas de las consecuencias de la fatiga del trabajo.
Leyes que, a su vez, permitan una armoniosa relación del Capital y el trabajo.
Me olvidaba, el trabajo informal es una forma de explotación que debemos
repudiar, mucho más cuando esa informalidad es promovida desde el estado en
contrataciones viciadas o en esa mixtura entre lo formal y lo informal, en la
forma de pagarlo.
Perdón las pálidas, pero uno se va poniendo viejo y no puede ya dejar de decir
algunas cosas, aunque nunca nos hemos callado del todo.
A pesar de todo, a los que tienen, a los que tuvieron y hoy descansan ya de esa
fatiga o la han transformado en otras pequeñas cosas, pero sin remuneración y a
los que han perdido y que buscan con ansias, les deseo un ¡Feliz día del
trabajo!
Marcelo Grecco

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