Ha muerto Jorge Lanata y rezamos
por su alma, nos alegra saber que ha recibido el sacramento de la unción y la
absolución general (en condición) y que al hacerlo ha lagrimeado, aunque por
razones obvias no sabemos el origen de esas lágrimas. En todo caso, lo dejamos
a la misericordia y justicia de Dios, como hemos de estar nosotros al final del
destierro.
Ciertamente el dolor de estos
últimos meses sensibiliza a cualquiera y más cuando uno sospecha de un “alargamiento”
de la vida no natural, en virtud de cuestiones económicas. No me quedan dudas
que, como todo ser humano, ha tenido virtudes y defectos y que seguro ha hecho
bien en las personas cercanas y que como efecto de su trabajo ha hecho mucho
daño. En estas horas se lo ha alabado hasta el hartazgo y se lo ha vapuleado.
Algunos lo admiran por sus denuncias de corrupción mediáticas y otros lo odian
por lo mismo. En algunas de esas denuncias ha dejado manchadas a personas que
no tenían nada que ver y ha provocado un odio innecesario, algunos le deben su
carrera política, otros su decadencia en la misma. En fin, de todo como en
botica.
Nosotros lo definimos como un
periodista, con todas las virtudes y defectos que tiene la profesión. Él eligió
ser un periodista de la revolución, de la revolución anticristiana, por ser
parte de esa revolución es también que un día ha podido estar más cerca de unos
y de otros. Tres son las revoluciones que componen principalmente, la Protestante,
la Francesa y la Comunista, sumándose la Revolución moral, consecuencia de
todas ellas. Como un domino ellas se unen y destruyen a su paso, de igual
manera, tienen un mismo fin, una misma fuente, no son los extremos que se
tocan, son hijos del mismo padre, el “padre de la mentira”.
Es bueno recordarlo, no solo por
el pobre Lanata, si no porque hay muchos que hoy hablan de batalla cultural, y aunque
defienden algún principio válido, se asocian y contribuyen a esta revolución anticristiana,
valorando y defendiendo alguna de estas Revoluciones.
Lanata fue un periodista de la
revolución anticristiana, más hoy es el tiempo de la oración por su alma y
también por la nuestra y la gracia de la perseverancia final, no sea que al
final de nuestros días se nos quiebre la fe. San Dimas ruega por nosotros y por
él.
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