miércoles, 10 de diciembre de 2025

Un Lustro: Un In Memoriam que Adeudaba


 

Este escrito lo comencé a plasmar en la noche del jueves diez de diciembre de dos mil veinte, mientras esperaba el llamado donde me pusieran al tanto sobre la situación de mi madre. Algo me decía que aquel llamado confirmaría lo que esperábamos, pero no deseábamos. Así fue y en medio de este escrito llegó el llamado. Hoy, al cumplirse el primer lustro de aquel momento, uno de los más tristes de mi vida, quiero compartirlo con ustedes para que conozcan mejor a mi madre, un ser maravilloso que Dios nos regaló. Con este articulo homenaje, que le debía, me gustaría que ustedes también conocieran quién fue y es mi mamá, porque ella es ahora en la Eternidad.

Pasado el tiempo, sigo confirmando lo que dijo el gran Pemán y que medite tantas veces desde que las leí por primera vez:

«A una madre se la quiere
siempre con igual cariño
y a cualquier edad se es niño
cuando una madre se muere»


 

¿Quién es mamá?

Mamá está peleando su última batalla, como una guerrera, lo hace unida a Dios. Está uniéndose de manera especial al Crucificado, reposando en su Sagrado Corazón, al que siempre le tuvo especial devoción. Pero mamá se unió al Crucificado siempre y desde muy joven.

Mamá está preparada para su partida, en un año donde la locura y la inhumanidad se ha apoderado del mundo, ella se está preparando sola, porque no nos han dejado estar a su lado, como siempre lo hemos hecho gracias a su amor y testimonio. En medio de este dolor que nos quiebra a todos nosotros, su amado esposo, hijos y nietos, siento como una seguridad que sus hijos, que se adelantaron al Cielo, están a su lado, la toman de su mano. Javier y Juan Manuel, que no tienen como nosotros la imposibilidad, están allá a su lado, dando luz a esa sala de inhumanidad, donde mamá se está apagando para esta vida y pasando a la eterna. En su última mirada ella se despidió llena de luz y gracia, dándome el consuelo que siempre ha dado. Ella, había podido recibir la Eucaristía el día anterior, en medio de los festejos por sus 61 años de casado con Domingo.



Pero mientras se prepara, nosotros repasemos su vida y veamos quién es nuestra madre, quien es Amalia.

De niña la llamaban la “Alzaga Unzué” o la “Cárcamo”, por su fineza y quizás el hecho de haber nacido en el corazón de Recoleta, les llevaba a su madre y a su abuela a ponerle este mote, que estaba lejos de ser lo que ella realmente fue, una mujer humilde y sencilla, pero una mujer verdaderamente fina, no era de alta alcurnia, pero sin duda, estaba a la altura para serlo.

Era esa niña que disfrutó, mientras pudo a su abuela paterna, cuyos recuerdos atravesarían toda su vida. Con pocos años, su abuela la llevó a Córdoba y allí vivió, quizás, la primera dura experiencia que marcarían su fortaleza, de la que hemos sido testigos. Su abuela se descompuso y quienes la atendieron y llevaron al hospital, donde finalmente murió, no notaron que con ella estaba su nieta y la dejaron sola en ese gran caserón, sin que ninguna persona la cuidará hasta que, al otro día llegó, su padre Julio, a rescatarla. Pero Amalia, paso la noche en el cobijo y bajo la guarda de los gansos que su abuela tenía y que la protegieron y le brindaron el calor.

Mamá es, también, esa niña que sufrió una quemadura en su rostro con una estufa a Querosén que  explotó en casa de una vecina. Quemadura que, si bien dejo sus huellas, no le robo el rostro dulce, bello y su enorme y luminosa sonrisa.

Es esa niña, que juega con sus amigas en la calle Beláustegui, que las defiende aún con santa ira y que se hace respetar. Amigas que la acompañaran en la adolescencia y en la primera juventud, luego el mundo las llevo por distintos lados, pero, sin embargo, siempre estuvieron en el recuerdo y en sus historias. Con alguna de ellas a distancias enormes se seguía carteando.



Era esa niña que disfrutaba de sus primas, cuando niña tuvo a Aída como hermana y que ya grande sintió su partida temprana, casi en el mismo momento que se iba. Pero recordaba también a las otras primas en tiempos de sus viajes a Aicuña, allí con Jacinta (Josefa) que pasaban a buscar por Córdoba, Aida y Cuca, vivían unos días maravillosos. Recordaba siempre el día que se cayeron de un burro con Aída y Jacinta, en un momento que no debían frente al primo buen mozo. Recordaba la serenata y que su madre no quiso que volviera para que el primo no “se la sacara”. No menos cariñosa fue con sus primas paternas, Ana, Rosita y Olga. También se puso muy contenta cuando conoció a sus primas menores, en el entierro de su prima Josefa, hija del tío flaco, o el dolor en la muerte de Temy, quien vino a despedirse a nuestra casa de Lascano, viviendo una jornada maravillosa.

Era aquella joven, que supo estar en el cuadro de honor de la secundaria, que fue nombrada docente de dibujo y caligrafía y tuvo en corto tiempo destacada labor, dejando huellas en sus alumnos, quien para despedirla la acompañaron cantando al colectivo.

Fue quien quiso estudiar medicina y como no la dejó su padre, empezó ciencias económicas, aunque no pudo terminar, pues su vocación fue otra.

Esa joven que a los 17 años acompañó a su madre a ver un problema de salud, que terminó siendo un hermano que nació justo el día de su cumpleaños numero dieciocho.

Esa joven que entre sus mejores amigas tuvo a su hermana menor, compinches, distintas, pero siempre unidas. Ella retrasaba la comida para que no reten a su hermana, que venía del grupo de teatro parroquial, que dirigía un tal Grecco de quien no se acordaba bien en esos días.

Es la joven que un día tuvo la visión al ver un muchacho, de que con él se casaría y tendría cuatro hijos, siempre referían que su idea era de cuatro varones. El hombre es aquel director que un diecisiete de agosto, junto al Sagrado Corazón, se le declaró, era el famoso Grecco, a quien tanto había insultado.

Es aquella mujer que dijo SÍ a formar una familia y, en la Parroquia de San Bernardo, se unió ante Dios para siempre con Domingo. Dijo si, a pesar de que la adversidad de la enfermedad marcaría para siempre a Domingo, dijo sí aun cuando este le pidió que lo deje y que “se busque otro”.



Es la mujer de corazón generoso, que cada día se ofrecía, que soportó las mil una, de distintos personajes de la vida, personas a los que con una caridad única muchas veces defendía, justificaba y por sobre todo perdonaba, con una misericordia única y valerosa.

Es la artista plástica que dibujo, pinto, hizo esculturas; es la tejedora; es la que cocía con elegancia; es la gran cocinera que hacia gustar a propios y extraños de esos pequeños manjares, que hasta cuando le salían mal eran ricos.

Es la madre que dijo si a la vida y seis hijos dio al mundo, superando la perdida de aquellos dos que tempranamente se fueron al Cielo y que hoy, mientras no nos dejan estar con ella, la cuidan y consuelan.

Es el roble que no tuerce en el vendaval de las envidias, que devolvió con amor los odios, desprecios, desagradecimientos, aún en el último tiempo de su enfermedad.

Es quien sale del dolor y de la situación incómoda, con un chiste, con una sonrisa que refleja la felicidad del alma. Es quien no se deja vencer, la que lucha por amor a su esposo, a sus hijos, a sus nietos, a los que ama entrañablemente. No en vano dijimos que es “del amor encarnación”, oportunamente.

Es quien tenía debilidad por los niños y no hubo uno que no amará y que no fuera motivo de sus preocupaciones y desvelos, aún cuando de niños no tenían nada, aún cuando sus desagradecimientos se hacían visible, ella siempre los perdonaba y rezaba por ellos.

Es la abuela, más abuela que conozco…



¿Quién es mamá?

Es todo esto y mucho más, que no se puede contar en palabras. Mamá es amor y es paz.

Mama es esos ojos llenos de ternura y bondad, de misericordia y amor. Esa mirada que todo lo expresa más que ninguna palabra.

Mama es, ahora ya lo puedo afirmar, esa mirada que se cerro al tiempo y que contempla en la eternidad.



Amor, paz y ahora esperanza…

No, ya no puedo despedirte mamá porque siempre, siempre, siempre estarás a mi lado. Hasta el reencuentro en la casa de los Grecco en el Cielo, donde con Juan Manuel y Javier nos esperas y nos preparas el lugar para cuando la Divina Providencia nos llame.

¡Ya estás bien, mamá! ¡Ya estás en Casa![1]


 

10 de diciembre de 2020

Fiesta de Nuestra Señora de Loreto


Desde el 9 de Septiembre de 2023
están juntos en el Cielo




[1] Cuando volvió de la última internación mando un vídeo diciendo: “Estoy bien, estoy en casa”

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