Este escrito lo comencé a plasmar en la noche
del jueves diez de diciembre de dos mil veinte, mientras esperaba el llamado
donde me pusieran al tanto sobre la situación de mi madre. Algo me decía que
aquel llamado confirmaría lo que esperábamos, pero no deseábamos. Así fue y en
medio de este escrito llegó el llamado. Hoy, al cumplirse el primer lustro de
aquel momento, uno de los más tristes de mi vida, quiero compartirlo con
ustedes para que conozcan mejor a mi madre, un ser maravilloso
que Dios nos regaló. Con este articulo homenaje, que le debía, me gustaría que
ustedes también conocieran quién fue y es mi mamá, porque ella es ahora en la
Eternidad.
Pasado el tiempo, sigo confirmando lo que dijo
el gran Pemán y que medite tantas veces desde que las leí por primera vez:
«A una madre se la
quiere
siempre con igual cariño
y a cualquier edad se es niño
cuando una madre se muere»
¿Quién
es mamá?
Mamá está peleando su última batalla, como una
guerrera, lo hace unida a Dios. Está uniéndose de manera especial al Crucificado,
reposando en su Sagrado Corazón, al que siempre le tuvo especial devoción. Pero
mamá se unió al Crucificado siempre y desde muy joven.
Mamá está preparada para su partida, en un año
donde la locura y la inhumanidad se ha apoderado del mundo, ella se está
preparando sola, porque no nos han dejado estar a su lado, como siempre lo hemos
hecho gracias a su amor y testimonio. En medio de este dolor que nos quiebra a
todos nosotros, su amado esposo, hijos y nietos, siento como una seguridad que
sus hijos, que se adelantaron al Cielo, están a su lado, la toman de su mano.
Javier y Juan Manuel, que no tienen como nosotros la imposibilidad, están allá a
su lado, dando luz a esa sala de inhumanidad, donde mamá se está apagando para
esta vida y pasando a la eterna. En su última mirada ella se despidió llena
de luz y gracia, dándome el consuelo que siempre ha dado. Ella, había podido recibir la Eucaristía el día anterior, en medio de
los festejos por sus 61 años de casado con Domingo.
Pero mientras se prepara, nosotros repasemos su
vida y veamos quién es nuestra madre, quien es Amalia.
De niña la llamaban la “Alzaga Unzué” o la “Cárcamo”,
por su fineza y quizás el hecho de haber nacido en el corazón de Recoleta, les
llevaba a su madre y a su abuela a ponerle este mote, que estaba lejos de ser
lo que ella realmente fue, una mujer humilde y sencilla, pero una mujer
verdaderamente fina, no era de alta alcurnia, pero sin duda, estaba a la altura
para serlo.
Era esa niña que disfrutó, mientras pudo a su abuela
paterna, cuyos recuerdos atravesarían toda su vida. Con pocos años, su abuela
la llevó a Córdoba y allí vivió, quizás, la primera dura experiencia que marcarían
su fortaleza, de la que hemos sido testigos. Su abuela se descompuso y quienes
la atendieron y llevaron al hospital, donde finalmente murió, no notaron que
con ella estaba su nieta y la dejaron sola en ese gran caserón, sin que ninguna
persona la cuidará hasta que, al otro día llegó, su padre Julio, a rescatarla.
Pero Amalia, paso la noche en el cobijo y bajo la guarda de los gansos que su
abuela tenía y que la protegieron y le brindaron el calor.
Mamá es, también, esa niña que sufrió una
quemadura en su rostro con una estufa a Querosén que explotó en casa de una
vecina. Quemadura que, si bien dejo sus huellas, no le robo el rostro dulce,
bello y su enorme y luminosa sonrisa.
Es esa niña, que juega con sus amigas en la
calle Beláustegui, que las defiende aún con santa ira y que se hace respetar.
Amigas que la acompañaran en la adolescencia y en la primera juventud, luego el
mundo las llevo por distintos lados, pero, sin embargo, siempre estuvieron en
el recuerdo y en sus historias. Con alguna de ellas a distancias enormes se
seguía carteando.
Era esa niña que disfrutaba de sus primas,
cuando niña tuvo a Aída como hermana y que ya grande sintió su partida
temprana, casi en el mismo momento que se iba. Pero recordaba también a las
otras primas en tiempos de sus viajes a Aicuña, allí con Jacinta (Josefa) que
pasaban a buscar por Córdoba, Aida y Cuca, vivían unos días maravillosos.
Recordaba siempre el día que se cayeron de un burro con Aída y Jacinta, en un
momento que no debían frente al primo buen mozo. Recordaba la serenata y que su
madre no quiso que volviera para que el primo no “se la sacara”. No menos
cariñosa fue con sus primas paternas, Ana, Rosita y Olga. También se puso muy
contenta cuando conoció a sus primas menores, en el entierro de su prima Josefa, hija del tío flaco, o el dolor en la muerte de Temy, quien vino a despedirse a
nuestra casa de Lascano, viviendo una jornada maravillosa.
Era aquella joven, que supo estar en el cuadro
de honor de la secundaria, que fue nombrada docente de dibujo y caligrafía y
tuvo en corto tiempo destacada labor, dejando huellas en sus alumnos, quien
para despedirla la acompañaron cantando al colectivo.
Fue
quien quiso estudiar medicina y como no la dejó su padre, empezó ciencias económicas, aunque no pudo terminar, pues su vocación fue otra.
Esa joven que a los 17 años acompañó a su madre
a ver un problema de salud, que terminó siendo un hermano que nació justo el
día de su cumpleaños numero dieciocho.
Esa joven que entre sus mejores amigas tuvo a
su hermana menor, compinches, distintas, pero siempre unidas. Ella retrasaba la
comida para que no reten a su hermana, que venía del grupo de teatro parroquial,
que dirigía un tal Grecco de quien no se acordaba bien en esos días.
Es la joven que un día tuvo la visión al ver un
muchacho, de que con él se casaría y tendría cuatro hijos, siempre referían que su
idea era de cuatro varones. El hombre es aquel director que un diecisiete de
agosto, junto al Sagrado Corazón, se le declaró, era el famoso Grecco, a quien tanto había insultado.
Es aquella mujer que dijo SÍ a formar una
familia y, en la Parroquia de San Bernardo, se unió ante Dios para siempre con
Domingo. Dijo si, a pesar de que la adversidad de la enfermedad marcaría para
siempre a Domingo, dijo sí aun cuando este le pidió que lo deje y que “se
busque otro”.
Es la mujer de corazón generoso, que cada día
se ofrecía, que soportó las mil una, de distintos personajes de la vida,
personas a los que con una caridad única muchas veces defendía, justificaba y
por sobre todo perdonaba, con una misericordia única y valerosa.
Es la artista plástica que dibujo, pinto, hizo
esculturas; es la tejedora; es la que cocía con elegancia; es la gran cocinera
que hacia gustar a propios y extraños de esos pequeños manjares, que hasta
cuando le salían mal eran ricos.
Es la madre que dijo si a la vida y seis hijos
dio al mundo, superando la perdida de aquellos dos que tempranamente se fueron
al Cielo y que hoy, mientras no nos dejan estar con ella, la cuidan y consuelan.
Es el roble que no tuerce en el vendaval de las
envidias, que devolvió con amor los odios, desprecios, desagradecimientos, aún
en el último tiempo de su enfermedad.
Es quien sale del dolor y de la situación incómoda,
con un chiste, con una sonrisa que refleja la felicidad del alma. Es quien no
se deja vencer, la que lucha por amor a su esposo, a sus hijos, a sus nietos, a
los que ama entrañablemente. No en vano dijimos que es “del amor encarnación”, oportunamente.
Es quien tenía debilidad por los niños y no
hubo uno que no amará y que no fuera motivo de sus preocupaciones y desvelos,
aún cuando de niños no tenían nada, aún cuando sus desagradecimientos se hacían
visible, ella siempre los perdonaba y rezaba por ellos.
Es la abuela, más abuela que conozco…
¿Quién es mamá?
Es todo esto y mucho más, que no se puede contar
en palabras. Mamá es amor y es paz.
Mama es esos ojos llenos de ternura y bondad,
de misericordia y amor. Esa mirada que todo lo expresa más que ninguna palabra.
Mama es, ahora ya lo puedo afirmar, esa mirada
que se cerro al tiempo y que contempla en la eternidad.
Amor, paz y ahora esperanza…
No, ya no puedo despedirte mamá porque siempre,
siempre, siempre estarás a mi lado. Hasta el reencuentro en la casa de los
Grecco en el Cielo, donde con Juan Manuel y Javier nos esperas y nos preparas
el lugar para cuando la Divina Providencia nos llame.
¡Ya estás bien, mamá! ¡Ya estás en Casa![1]
10 de diciembre de 2020
Fiesta de Nuestra Señora de Loreto
| Desde el 9 de Septiembre de 2023 están juntos en el Cielo |


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