Mi humilde pluma, quiere honrar a alguien especial, me atrevo a pesar de todo, con la conciencia de mis limitaciones. Vaya pues nuestro pobre, pero sentido último homenaje.
Ciertamente, ante lo
incomprensible y adverso de la muerte, desde lo puramente humano, nos sostiene
más que nada la fe, pero también ella corre el riesgo de tambalear, porque lo
profundamente humano no puede entender el misterio. Mas ella, viene en nuestra
ayuda y sostiene, apacigua el alma. La fe nos da esperanza, nos fortalece
frente al dolor y la tristeza.
Pues bien, esa fe que hoy me sostiene frente a
la pérdida de la única persona tan cercana, de la generación anterior que me
quedaba en este mundo, fue pedida por ella, el día de mi Bautismo junto a mis
padres y mi padrino José.
La Divina Providencia junto las
vidas de nuestras familias, primero como profesora de mi hermano y luego como
amiga de la familia.
En la amistad radica la causa de que ella eligiera ser mi
madrina, fue una elección de su corazón. Ella, junto a mi tía Betty, fueron las
primeras que se enteraron de mi presencia en este mundo, no sabían todavía que
sería, solo sabían que era un “niño por nacer”, que esperaba la familia Grecco. En
el devenir de ese año pidió ser madrina de aquel niño, a lo que mis padres
accedieron y, antes de cumplir mi mes de vida, en nuestro Versailles, en Nuestra
Señora de la Salud, recibí la gracia del Bautismo y ella se comprometía como
madrina.
Alicia fue mucho más que mi
madrina, fue aquella joven que admiraba a mis padres y deseaba ser esposa y
madre. En el Carmelo de Charcas, dijo a sí a formar una hermosa familia con
Ramón María, con quien tuvo cinco hijos. A cada uno lo amaba con una hondura particular,
vivió por ellos y para ellos, se enorgullecía de sus progresos y era feliz al
tenerlos cercanos. Fue madraza para ellos y también para mí, que como madrina lo ha
sido, sobre todo en este último tiempo.
Pero Alicia fue mucho más que
esto, fue la mujer fuerte del Evangelio, como toda madre. Fue también una
profesional y una intelectual de fuste. Abogada primero y doctora en Derecho
después, doctorado que obtuvo no sin el esfuerzo que requieren, sin duda, los
galardones de la vida, como bien dijo Bernárdez:
“Porque después de
todo he comprendido
por lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.”
La Doctora Alicia Casanova de Cabriza dedicó su vida al derecho y fundamentalmente a la filosofía del derecho, en especial en relación al derecho tributario. No solo ejercía el derecho, lo estudiaba, lo analizaba, lo profundizaba en los fundamentos mas firmes. Dejó plasmado muchos de sus estudios en escritos en publicaciones especializadas.
Su pluma tuvo espacios para las
notas bibliográficas en Moenia, estas recensiones implican el estudio profundo
de una obra, su análisis y su crítica, en las que dejó ver su amor a la
Patria y a la Verdad.
Alicia fue muchísimo más de lo
que expresan estas pobres líneas, fue la agradecida a sus formadores y a
quienes acompañaron su proceso de crecimiento espiritual y profesional, en
especial el padre Jon, a quien homenajeó en un artículo que publicará en mi
revista, El Caballero de Nuestra Señora.
Este último año el Señor escuchó
nuestra oración y nos dejó disfrutarla y acompañarla. Ella nos dio la última
lección de lucha, esas lecciones que dan las mujeres y las madres en
particular. En un silencio profundo, sufriendo en lo más íntimo, pero buscando
la salida. Hoy su cuerpo mortal le impedía ya ocuparse de sus hijos, de su
marido, de sus nietos, de este pobre ahijado y de tantos más. El Señor,
apiadándose de ella, la llamó a su presencia y en la esperanza que da la fe, que
ella pidió por nosotros hace ya muchos años, confiamos que nos ayudará de una
manera más efectiva con su oración y secará nuestras lágrimas, consolará
nuestras penas y nos acompañará siempre, juntos a todos aquellos que ya nos
esperan en la Eternidad.
Las palabras de Pemán vuelven una
y otra vez a mi mente y como en diciembre de 2020 vuelvo a sentirlo, como lo
sienten, seguro los cinco hijos y los nietos de Alicia: “A una madre se la quiere siempre con
igual cariño y a cualquier edad se es niño cuando una madre se muere.”
A ella el descanso eterno y a
nosotros, el consuelo; a ella el agradecimiento por tanto y por todo, a nosotros
la esperanza de la fe. Y, por supuesto, a Dios y nuestra Madre de la Salud, la
gratitud porque juntaron las vidas de nuestras familias y me dieron el honor de
ser su ahijado.
¡Hasta el Cielo, querida madrina!
¡Hasta la Eternidad, Doctora Alicia!
Marcelo Grecco
18-12-2024


La recuerdo con mucho cariño por el tiempo universitario compartido.
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