sábado, 28 de diciembre de 2013

Cierre del ciclo 2013


Querida Mónica:

Comenzamos este ciclo hablando del amor, las consecuencias del no sentirse amado, hablamos de comunicación, de amistad, del amor expresado en la educación, en los limites, ya sobre el final hemos hablado de la conciencia de finitud que debe tener el hombre, y en relación a ello pensamos en que es lo necesario para la vida. Sin duda, concluimos que lo único necesario, es el amor, el amar y el ser amado, sembrar y cosechar y aún solo sembrar lo bueno, lo bello y lo verdadero.

En el amor, que es generoso y puro, el hombre se realiza y encuentra aún en el dolor, la felicidad a la que está llamado. Cuando el hombre siembra amor, sin duda cumple con aquello del Gral San Martín “serás lo que debes ser o no serás nada”.

Por eso me parece oportuna, en estas horas de cierre del año, en estas horas donde los corazones se sensibilizan con las fiestas,  replantearse, preguntarse: ¿Qué tan feliz soy?  O lo que es lo mismo:  ¿Cuánto he amado? ¿Cuánto amor sembré?

Y cuando hablamos de amor, no pensemos solo en los seres que tenemos más cerca, a quienes en muchos casos darles amor nos sale casi naturalmente. Pensemos  en todas las personas que pasan a nuestro lado, en nuestros compañeros de trabajo, en nuestros vecinos y más aún en la sonrisa que le diste a aquel anciano, en la monería que hiciste para aquel niño, en la corrección dulce a aquel adolescente, en el dar el asiento a quien lo necesita, en la mirada dulce, tierna y llena de cariño para aquel discapacitado, en haberte corrido cuando escuchaste la ambulancia o cuando los golpes del baston indicaban la presencia de un no vidente. En estas pequeñas cosas el hombre expresa el amor, pero también cuando esquiva la pelea estúpida y sin sentido, cuando busca justicia y no venganza, cuando sabe perdonar aún aquellos que nunca pidieron perdón. Si esto es amar y este amar hace que uno pueda vivir en paz, porque la paz del corazón no es la ausencia de problemas, dificultades, conflictos. La paz interior es el afrontar todo ello con la mirada tierna del amor, de la misericordia, de la entrega generosa.

Y cuando esa paz habita en nosotros, la vida es celebrada, es vivida con alegría, que es la sonrisa del alma.

Al comenzar el nuevo año, quizás convenga que miremos nuestro interior y tratemos de amar, incluso a quienes nos odian. No para estar a los besos y a los abrazos, sino para perdonar en nuestro interior, el perdón y el amor sanan interiormente y nos hacen felices. Pero amar también es bajarse del caballo y saber reconocer nuestros errores y pedir perdón por ellos. Amar es brillar y celebrar la vida. Que el 2014 nos encuentre sembrando el amor, sembrando la esperanza, sembrando la vida para poder celebrarla. Hasta el año que viene, si Dios quiere!!!