viernes, 25 de julio de 2025

Como hace Veinticinco años ¡Gracias!

 




Quiero recordar en estas palabras algo que ocurrió hace 25 años en mi vida, y que fue el fin de una etapa y el comienzo de un camino, en el cual intento todavía permanecer, un camino de crecimiento y aprendizaje.

Era el primer 24 de julio de este siglo cuando me levante temprano y tome un micro, luego de haber pasado tres días en la habitación del hotel Shelter, en mi querida Mar de Ajo. Tres días dedicados al estudio, sin la presión de que todos supieran lo que iba a pasar. Llegué a Retiro y me fui al comedor de la Universidad, a hacer los últimos repasos. La suerte estaba echada y ya no entraba nada más en mi cabeza. A la hora señalada, fui al aula y allí frente a la profesora, recorrimos toda la materia. Hay que decirlo, no fue el mejor examen, pero fue el más significativo, porque fue el último de una carrera que había costado sacrificios. La tercera iniciada y la primera terminada.

Un llamado a una amiga, que junto a otra me acompañaron en esta aventura y que ya habían terminado la carrera varios meses antes, solo unos minutos para contarle la hazaña.

Subte, tren y colectivo para llegar a casa y contar a mis padres, que creyeron que me había ido a pasear a esa parte de la costa argentina que tanto quería. ¿Cómo decírselo? Había elegido y preparado hacerlo de una manera especial, pues si había llegado hasta ahí, ellos habían tenido mucho que ver. Quería decirlo de una manera novedosa, por eso les entregue dos cajitas, que podían parecer dos chocolates, pero dentro de ellas había dos llaveros que se identificaban con una P y con una M, de papá y mamá o de Maruca y Pirulo, en el adverso rezaban: “Gracias, Lic. Marcelo” 24-7-2000. Por supuesto, estalló la alegría en sus almas y en la de toda la familia que se fue enterando, al otro día festejábamos con una pequeña reunión en casa.

Al otro día, luego de volver a recorrer las calles de Mataderos para entregar la correspondencia y percibir la alegría y hasta cierto orgullo de algunos de los vecinos, que se alegraban con tener un Licenciado de “cartero”.

Había culminado mi carrera, era ya licenciado, pero comenzaba el camino para ser un profesional. No te asombres con lo que digo, ser profesional no depende de un título, este te da herramientas para llegar a serlo, mejor dicho, para realizar mejor las prácticas de un rol. La profesionalización no se logra con un título, sino con el ejercicio del rol. Hay grandes profesionales que nunca pasaron por la universidad y hay algunos “letrados” o “leídos”, que no han llegado nunca a ser profesionales. Yo, luego de veinticinco años, sigo intentando serlo, por eso hoy celebro estas Bodas de Plata en la profesión, este cuarto de siglo caminando y aprendiendo en el hermoso mundo de los Recursos Humanos.

Celebro, recordando a todos los que me ayudaron a hacerlo posible, en especial a mis padres. A quienes, a lo largo de la carrera, me ayudaron, pero también a los que me enseñaron y enseñan a seguir caminando y aprendiendo a ser profesional en esta hermosa área de Recursos Humanos.

Hoy, vuelvo a decir aquella palabra grabada en los llaveros regalados a mis padres, en ella estaba y está mi alegría de este camino. En ellos, estaban y están representados tantos seres que me ayudaron en aquella etapa y en el camino de estos veinticinco años creciendo como profesional.

¡Gracias!

Lic. Marcelo