Las hojas del calendario caen y se tiran. Los calendarios se recambian,
pero los años no. Los años, como decía mi padre, no pasan, los llevamos dentro,
los llevamos encima, están sobre nuestros hombros, los años van dejando huellas.
Huellas que se notan en el cuerpo y en el alma, huellas de gozos, de alegrías,
de hermosos recuerdos, vivencias maravillosas que quedan en lo más profundo de
nuestro ser. Huellas, que también son heridas, algunas cicatrizan pronto y se
curan, otras que se abren para nunca más cerrar, aunque vayan lentamente
cicatrizando. Huellas y heridas complejas, son esas ausencias, que cuando los
años se suman, se van sumando inevitablemente, algunas más incomprensibles que
otras, pero todas quedan en nuestra alma. Esas ausencias, en estas fechas se
notan demasiado, algunas ausencias ya tienen un tiempo, otras son más cercanas,
pero todas duelen y también todas se transforman en una nueva presencia que se
hace más cercana.
Vaya mi primer brindis por aquellos que no están físicamente, que nos
dejaron, sabiendo que esa herida que dejó su partida es, una herida de amor.
Porque es el amor que nos dispensaron lo que les inspiró a darnos y darse a
nosotros. Por ellos que ya no comparten este destierro y que nos esperan en la
Casa.
Mi segundo brindis, tiene también un tinte melancólico, corresponde,
porque mientras los anormales festejan su desgracia, nosotros queremos
recordarlos, para que no nos olvidemos, porque cuando la mentira, el odio y la
inoperancia festeja la desgracia de otros, nosotros queremos compadecernos. Este brindis no tiene tinte partidario, no se
confundan, sino verdadero sentido cristiano. Hay muchos que quizás esta noche
no podrán brindar, porque están sumido en la incertidumbre que ocasiona el
desempleo. Desocupados y estigmatizados por la mentira de muchos, en el ámbito
del estado y desocupados por las políticas de los cipayos, que van lentamente
destruyendo el ámbito privado. Nos duele el desempleo de muchos, el número de
despedidos no puede tomarse a la ligera, tras cada uno hay una persona y quizás
una familia.
Los inoperantes festejan cada despido como una victoria, ignorantes que
nunca han dependido de un sueldo, de un trabajo, al que quizás le han dedicado
toda su vida, ellos se dedican a la especulación, a los negocios turbios.
Perversos es la definición justa de cualquiera que festeja un despido, despido
que ordenan, pero que no ejecutan y les puedo asegurar que he visto el dolor de
muchos de los que tienen que llevar adelante las políticas perversas, a
sabiendas de que quizás más temprano que tarde, son también víctimas del mismo
atropello. No crean que el que debe realizar esta tarea no tiene consecuencias
en su salud física y mental, si así no ocurre, es porque ya está enfermo de
perversidad.
Quienes somos profesionales de los Recursos Humanos, sabemos lo que hay
tras un despido, aún el despido más justificado no deja de ser una acción
dolorosa, los Recursos Humanos, antes que recursos son personas, en realidad las
personas nunca son recursos, sus aportes son los recursos para las empresas.
Tras cada despedido, hay una familia, hay un proyecto, hay una sombra de
incertidumbre. Por eso quién en esta hora disfrutan de los despidos, son….
¿personas? sin corazón. Nosotros brindamos y los tenemos en nuestras oraciones,
además porque sabemos que muchos de ellos estigmatizados, han dado su vida al
servicio, por sus trabajos. Ellos son despedidos, pero las cuentas no cierran y
seguimos golpeando las puertas de los organismos internacionales y, como decía
Menvielle, sigue “El capitalismo internacional opera(ndo) en nuestro país a
modo de sanguijuela que chupa nuestra riqueza y trabajo”.
Levanto mi copa por ustedes y deseando que puedan encontrar este año el
modo de vivir con la dignidad que da el trabajo. Brindo por anticipado por
aquellos que en el sector privado y público seguirán perdiendo sus trabajos[1].
Permítanme hacer un tercer brindis triunfal, por ese 95 % de personas
que sortearon en el primer intento, la trampa del examen de idoneidad. Nadie
salió a pedir perdón por el insulto a sus personas, a su inteligencia y a su
capacidad, los medios oficialistas callaron y los otros también callaron.
Brindo por ustedes que le demostraron quienes eran los verdaderos incapaces.
Por que quede claro cuando una empresa sea privada o pública, una repartición
es inoperante, la inoperancia no está en quien hace el trabajo, sino en quien
diseña las políticas y quien toma la decisión, que casi siempre tiene un paso
fugaz. Pero bueno como ellos no saben, ni tienen a quien poner y desconfían
hasta de su propia sombra, lo único que hacen es destruir y eliminar. Salud,
entonces, por ustedes que demostraron y dejaron en evidencia la mentira y el
error.
Y el cuarto y último, quiero hacerlo por vos, seas familiar, amigo,
conocido de las redes, compañero de tantos años de trabajo. Quiero brindar por
nosotros, para que este nuevo año, a pesar de todo, a pesar de la noche oscura,
a pesar de las huellas de la vida, no perdamos la esperanza. Esa virtud que nos
sostiene, que nos hace capaces de transformar y transformarnos, reconvertirnos,
fortalecernos aún en los momentos más duros, donde nos invade la impotencia. Esa
esperanza nos ayuda a curar heridas de ausencias, de noches oscuras, sabiendo
que más temprano que tarde llega la claridad del Sol.
Para los cristianos, para los que creemos, en la noche nos ha nacido El
Salvador. En la noche nos ha llegado la Luz, que disipa toda tiniebla.
Que esa Esperanza, que nos fortalece que tiene que ser, como quizás
dije una vez y alguien me lo remarcó, una actitud de vida. Por eso al
brindar por este nuevo año, aún con todas las pálidas que les tiré, vuelvo a
brindar por la esperanza, que ayuda a cicatrizar heridas.
Que éste 2025, nos de fortaleza, esperanza y fundamentalmente amor
porque solo el Amor salva y solo el amor sostiene.
Levanto la Copa y brindo por vos.
Marcelo Grecco
[1] Aclaro, por las dudas,
quizás alguno crea que lo mío es una visión sesgada por mi propia experiencia.
No, amigos, yo tengo muy claro que mi decisión fue totalmente mía y más allá
que las circunstancias, el contexto la hicieron más propicia, fue toda mía la
decisión de abandonar mi trabajo y aunque me está costando reconvertirme, no
estoy incluido aquí, si lo están los que han sido injustamente despedidos y
basureados.

