Una simple mirada, pero tan profunda que en ella se resume
todo su amor.
Una mirada tan
profunda que junta el enojo con la misericordia, la picardía y la complicidad;
Una mirada que frente al éxito del hijo contiene la alegría,
la humildad de quien bien educó y el sano orgullo de ver que él creció;
Una mirada que cura el dolor, que opaca la tristeza, que
anima en los fracasos, que motiva a seguir adelante;
Una mirada atenta que oculta el dolor propio, que disimula
frente a la adversidad para no preocupar a los que ama;
Una mirada que parece pérdida en la lejanía, pero que es
cercana a cada uno de los amados y sus problemas, a los que siempre le
encuentra el camino;
Una mirada llena de ternura, de dulzura, de piedad, de
grandeza y humildad;
Una mirada que ayuda a caminar y ya no importa la edad, a
ella siempre se vuelve aún cuando ella ya no está o por lo menos no con la
vista del tiempo.
A esa mirada llena de amor hemos de recordar hoy, una mirada
que junto a la sonrisa ella ilumina siempre la mirada del hijo, del nieto, del
hermano, del ahijado, del amigo, del amado;
La mirada de la madre, que es como decir, la mirada del amor
mismo.
¡feliz día de la madre!