![]() |
| Puerta por la que entre el 6/12/1993 a la Sucursal Mataderos, en aquel entonces era uno solo CDD y Sucursal y el trabajo era todo manual |
Hace un tiempo largo que predico que hay que ser protagonistas y no víctimas. Estamos en una coyuntura difícil, en este sentido aplica con toda su extensión la palabra difícil y no desafío1. A pesar de ello, no debemos sentirnos víctimas de las circunstancias, al contrario, deben ser motivadoras para tomar la iniciativa y asumir las decisiones, que sean las que sean, deben valorarse positivamente, pues toda elección es un enorme paso adelante, aunque todo quede igual. Bajo estas circunstancias es que elegí hacer realidad en mí, lo que siempre prediqué.
Sé que no olvidaré todo lo que aprendí y viví en mi querido Correo, que no olvidaré a su gente hermosa, el más valioso capital que tiene esta empresa y que tuve el honor de conocer a lo largo y lo ancho de la Argentina. ¡Ellos sí que hacen Patria!
Treinta años y seis meses pasaron, desde aquel momento en que entre por la puerta del Correo en mi querida “40” y pronto me encomendaron mi reparto, el "8 de la 40".
Treinta años de aprendizaje, que comenzaron con aquellos carteros que, con las luces y sombras que todos tenemos y que el espejo de la vida nos revela, me enseñaron lo más importante: La conciencia por hacer bien nuestro trabajo, conciencia postal, que le dicen, respeto por el cliente, valor social del Correo. que muchas veces se desprecia o no se entiende.
He tenido el honor de valorar ese hermoso género literario, que es el epistolar, ese producto tan valioso que es el telegrama. Fui, como cartero, el último eslabón de una buena o mala noticia, de una carta de un hermano, madre o padre, amigo o hijo que estaba al otro lado del Océano, en una provincia o en un penal cumpliendo condena (no es este el lugar para la anécdota). “Baja pronto, mama grave”, rezaba un telegrama, que en criollo era: “¡Viaja ya! Que la vieja se muere…”
Hoy todo cambio, las comunicaciones cambiaron, la sociedad cambio, pero sé que muchos (más de lo que pensamos) conservan esa conciencia postal, ese respeto por el cliente, ese valor por hacer bien el trabajo más allá de no tener todos los recursos y todas las condiciones. Hoy no llega una carta, si un remedio para un enfermo, un juguete para un niño que lo espera ansioso, un repuesto para ganarse el pan, etc. Son muchos, los que actúan bien. Miren, si sacamos la proporción que entre doce hubo un traidor, en un grupo de personas existe la posibilidad que el 8.33 % sea ese Judas, como ven la minoría.
En lo personal espero no haberlo sido, de suyo estoy convencido que no y que en la 40, la 13, la 7, la Jefatura de Área, Capacitación, en mi trabajo como auditor de calidad y con el gran equipo de facilitadores, no fui ese Judas. Pude y seguro lo hice, haber cometido errores, pero fueron eso, errores no traiciones.
Hoy me despido y les digo perdón, por los errores cometidos, por si lastime a alguien con mis palabras, por si exasperé a otros por decir lo que debía decir, no para poner trabas, si no para poner sobre la mesa de quienes toman decisiones todas las herramientas y datos necesarios para el análisis. Perdón y sepan que siempre fue con buena onda y nunca con mala leche.
Gracias por tanto cariño a lo largo y a lo ancho del país, por valorar mi trabajo con pequeños detalles, por respetarme y fundamentalmente por haberme ayudado a aprender y crecer en todo sentido. Saben, quizás sea una idea muy tonta de mi parte, pero sentirse valorado no pasa únicamente por un número en el Neto del Recibo de sueldo, aunque eso ayuda.
Gracias a todos y a cada uno, los que lo lean y los que no, a todos los llevo en mi corazón. Lo hago, también. extensivo a esas hermosas personas del barrio de mataderos (L. De la Torre, T. Gordito, Cárdenas y mis queridos Perales), gracias a proveedores con quienes tuve el honor de trabajar, gracias por esas amistades que perduran y en las que el Correo ha sido solo un medio, amistades externas muy hermosas.
Gracias a quienes me brindaron su compañerismo, a quienes me honran con su amistad, a quienes me formaron, gracias a mis excelentes jefes de siempre, y a todos los que con sus virtudes y defectos me enseñaron mucho.
Son tantos que nombrarlos sería larguísimo y cometería demasiadas injusticias. A todos los que tomaron la decisión de quedarse, a los que eligieron marcharse y el recuerdo especial a los que partieron de este mundo, que son muchos y que su recuerdo perdura, les digo:
¡Gracias, una y mil veces!
Un último deseo o consejo, si puedo y me permiten darlo, quw más allá del lugar en que elijan estar, cada mañana propónganse avanzar hacia los mares profundos y quizás, en un puerto de aguas profundas, volvamos a encontrarnos, esto no es un adiós, es nomás un hasta luego...
A todos y a cada uno:
¡Perdón y Gracias!
A todos y a cada uno:
¡Duc in altum! (¡Naveguen Mar adentro!)
¡A más vernos!
Marcelo Grecco (il postino por siempre)
PD: Los veo en las redes
Instagram: @mistica_entrenamiento_gestion
Facebook: MEGestion
