martes, 31 de diciembre de 2024

Mis Brindis para Fin de Año


 

Las hojas del calendario caen y se tiran. Los calendarios se recambian, pero los años no. Los años, como decía mi padre, no pasan, los llevamos dentro, los llevamos encima, están sobre nuestros hombros, los años van dejando huellas. Huellas que se notan en el cuerpo y en el alma, huellas de gozos, de alegrías, de hermosos recuerdos, vivencias maravillosas que quedan en lo más profundo de nuestro ser. Huellas, que también son heridas, algunas cicatrizan pronto y se curan, otras que se abren para nunca más cerrar, aunque vayan lentamente cicatrizando. Huellas y heridas complejas, son esas ausencias, que cuando los años se suman, se van sumando inevitablemente, algunas más incomprensibles que otras, pero todas quedan en nuestra alma. Esas ausencias, en estas fechas se notan demasiado, algunas ausencias ya tienen un tiempo, otras son más cercanas, pero todas duelen y también todas se transforman en una nueva presencia que se hace más cercana.

Vaya mi primer brindis por aquellos que no están físicamente, que nos dejaron, sabiendo que esa herida que dejó su partida es, una herida de amor. Porque es el amor que nos dispensaron lo que les inspiró a darnos y darse a nosotros. Por ellos que ya no comparten este destierro y que nos esperan en la Casa.

Mi segundo brindis, tiene también un tinte melancólico, corresponde, porque mientras los anormales festejan su desgracia, nosotros queremos recordarlos, para que no nos olvidemos, porque cuando la mentira, el odio y la inoperancia festeja la desgracia de otros, nosotros queremos compadecernos.  Este brindis no tiene tinte partidario, no se confundan, sino verdadero sentido cristiano. Hay muchos que quizás esta noche no podrán brindar, porque están sumido en la incertidumbre que ocasiona el desempleo. Desocupados y estigmatizados por la mentira de muchos, en el ámbito del estado y desocupados por las políticas de los cipayos, que van lentamente destruyendo el ámbito privado. Nos duele el desempleo de muchos, el número de despedidos no puede tomarse a la ligera, tras cada uno hay una persona y quizás una familia.

Los inoperantes festejan cada despido como una victoria, ignorantes que nunca han dependido de un sueldo, de un trabajo, al que quizás le han dedicado toda su vida, ellos se dedican a la especulación, a los negocios turbios. Perversos es la definición justa de cualquiera que festeja un despido, despido que ordenan, pero que no ejecutan y les puedo asegurar que he visto el dolor de muchos de los que tienen que llevar adelante las políticas perversas, a sabiendas de que quizás más temprano que tarde, son también víctimas del mismo atropello. No crean que el que debe realizar esta tarea no tiene consecuencias en su salud física y mental, si así no ocurre, es porque ya está enfermo de perversidad.

Quienes somos profesionales de los Recursos Humanos, sabemos lo que hay tras un despido, aún el despido más justificado no deja de ser una acción dolorosa, los Recursos Humanos, antes que recursos son personas, en realidad las personas nunca son recursos, sus aportes son los recursos para las empresas. Tras cada despedido, hay una familia, hay un proyecto, hay una sombra de incertidumbre. Por eso quién en esta hora disfrutan de los despidos, son…. ¿personas? sin corazón. Nosotros brindamos y los tenemos en nuestras oraciones, además porque sabemos que muchos de ellos estigmatizados, han dado su vida al servicio, por sus trabajos. Ellos son despedidos, pero las cuentas no cierran y seguimos golpeando las puertas de los organismos internacionales y, como decía Menvielle, sigue “El capitalismo internacional opera(ndo) en nuestro país a modo de sanguijuela que chupa nuestra riqueza y trabajo”.

Levanto mi copa por ustedes y deseando que puedan encontrar este año el modo de vivir con la dignidad que da el trabajo. Brindo por anticipado por aquellos que en el sector privado y público seguirán perdiendo sus trabajos[1].

Permítanme hacer un tercer brindis triunfal, por ese 95 % de personas que sortearon en el primer intento, la trampa del examen de idoneidad. Nadie salió a pedir perdón por el insulto a sus personas, a su inteligencia y a su capacidad, los medios oficialistas callaron y los otros también callaron. Brindo por ustedes que le demostraron quienes eran los verdaderos incapaces. Por que quede claro cuando una empresa sea privada o pública, una repartición es inoperante, la inoperancia no está en quien hace el trabajo, sino en quien diseña las políticas y quien toma la decisión, que casi siempre tiene un paso fugaz. Pero bueno como ellos no saben, ni tienen a quien poner y desconfían hasta de su propia sombra, lo único que hacen es destruir y eliminar. Salud, entonces, por ustedes que demostraron y dejaron en evidencia la mentira y el error.

Y el cuarto y último, quiero hacerlo por vos, seas familiar, amigo, conocido de las redes, compañero de tantos años de trabajo. Quiero brindar por nosotros, para que este nuevo año, a pesar de todo, a pesar de la noche oscura, a pesar de las huellas de la vida, no perdamos la esperanza. Esa virtud que nos sostiene, que nos hace capaces de transformar y transformarnos, reconvertirnos, fortalecernos aún en los momentos más duros, donde nos invade la impotencia. Esa esperanza nos ayuda a curar heridas de ausencias, de noches oscuras, sabiendo que más temprano que tarde llega la claridad del Sol.

Para los cristianos, para los que creemos, en la noche nos ha nacido El Salvador. En la noche nos ha llegado la Luz, que disipa toda tiniebla.

Que esa Esperanza, que nos fortalece que tiene que ser, como quizás dije una vez y alguien me lo remarcó, una actitud de vida. Por eso al brindar por este nuevo año, aún con todas las pálidas que les tiré, vuelvo a brindar por la esperanza, que ayuda a cicatrizar heridas.

Que éste 2025, nos de fortaleza, esperanza y fundamentalmente amor porque solo el Amor salva y solo el amor sostiene.

Levanto la Copa y brindo por vos.

Marcelo Grecco



[1] Aclaro, por las dudas, quizás alguno crea que lo mío es una visión sesgada por mi propia experiencia. No, amigos, yo tengo muy claro que mi decisión fue totalmente mía y más allá que las circunstancias, el contexto la hicieron más propicia, fue toda mía la decisión de abandonar mi trabajo y aunque me está costando reconvertirme, no estoy incluido aquí, si lo están los que han sido injustamente despedidos y basureados.


miércoles, 18 de diciembre de 2024

Dra. Alicia Casanova de Cabriza In Memoriam






 Mi humilde pluma, quiere  honrar a alguien especial, me atrevo a pesar de todo, con la conciencia de mis limitaciones. Vaya pues nuestro pobre, pero sentido último homenaje.

Ciertamente, ante lo incomprensible y adverso de la muerte, desde lo puramente humano, nos sostiene más que nada la fe, pero también ella corre el riesgo de tambalear, porque lo profundamente humano no puede entender el misterio. Mas ella, viene en nuestra ayuda y sostiene, apacigua el alma. La fe nos da esperanza, nos fortalece frente al dolor y la tristeza.

 Pues bien, esa fe que hoy me sostiene frente a la pérdida de la única persona tan cercana, de la generación anterior que me quedaba en este mundo, fue pedida por ella, el día de mi Bautismo junto a mis padres y mi padrino José.

La Divina Providencia junto las vidas de nuestras familias, primero como profesora de mi hermano y luego como amiga de la familia.

En la amistad radica la causa de que ella eligiera ser mi madrina, fue una elección de su corazón. Ella, junto a mi tía Betty, fueron las primeras que se enteraron de mi presencia en este mundo, no sabían todavía que sería, solo sabían que era un “niño por nacer”, que esperaba la familia Grecco. En el devenir de ese año pidió ser madrina de aquel niño, a lo que mis padres accedieron y, antes de cumplir mi mes de vida, en nuestro Versailles, en Nuestra Señora de la Salud, recibí la gracia del Bautismo y ella se comprometía como madrina.

Alicia fue mucho más que mi madrina, fue aquella joven que admiraba a mis padres y deseaba ser esposa y madre. En el Carmelo de Charcas, dijo a sí a formar una hermosa familia con Ramón María, con quien tuvo cinco hijos. A cada uno lo amaba con una hondura particular, vivió por ellos y para ellos, se enorgullecía de sus progresos y era feliz al tenerlos cercanos. Fue madraza para ellos y también para mí, que como madrina lo ha sido, sobre todo en este último tiempo.

Pero Alicia fue mucho más que esto, fue la mujer fuerte del Evangelio, como toda madre. Fue también una profesional y una intelectual de fuste. Abogada primero y doctora en Derecho después, doctorado que obtuvo no sin el esfuerzo que requieren, sin duda, los galardones de la vida, como bien dijo Bernárdez:

“Porque después de todo he comprendido
por lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.”

 

La Doctora Alicia Casanova de Cabriza dedicó su vida al derecho y fundamentalmente a la filosofía del derecho, en especial en relación al derecho tributario. No solo ejercía el derecho, lo estudiaba, lo analizaba, lo profundizaba en los fundamentos mas firmes. Dejó plasmado muchos de sus estudios en escritos en publicaciones especializadas. 

Su pluma tuvo espacios para las notas bibliográficas en Moenia, estas recensiones implican el estudio profundo de una obra, su análisis y su crítica, en las que dejó ver su amor a la Patria y a la Verdad.  

Alicia fue muchísimo más de lo que expresan estas pobres líneas, fue la agradecida a sus formadores y a quienes acompañaron su proceso de crecimiento espiritual y profesional, en especial el padre Jon, a quien homenajeó en un artículo que publicará en mi revista, El Caballero de Nuestra Señora.  

Este último año el Señor escuchó nuestra oración y nos dejó disfrutarla y acompañarla. Ella nos dio la última lección de lucha, esas lecciones que dan las mujeres y las madres en particular. En un silencio profundo, sufriendo en lo más íntimo, pero buscando la salida. Hoy su cuerpo mortal le impedía ya ocuparse de sus hijos, de su marido, de sus nietos, de este pobre ahijado y de tantos más. El Señor, apiadándose de ella, la llamó a su presencia y en la esperanza que da la fe, que ella pidió por nosotros hace ya muchos años, confiamos que nos ayudará de una manera más efectiva con su oración y secará nuestras lágrimas, consolará nuestras penas y nos acompañará siempre, juntos a todos aquellos que ya nos esperan en la Eternidad.

Las palabras de Pemán vuelven una y otra vez a mi mente y como en diciembre de 2020 vuelvo a sentirlo, como lo sienten, seguro los cinco hijos y los nietos de Alicia: A una madre se la quiere siempre con igual cariño y a cualquier edad se es niño cuando una madre se muere.

A ella el descanso eterno y a nosotros, el consuelo; a ella el agradecimiento por tanto y por todo, a nosotros la esperanza de la fe. Y, por supuesto, a Dios y nuestra Madre de la Salud, la gratitud porque juntaron las vidas de nuestras familias y me dieron el honor de ser su ahijado.

¡Hasta el Cielo, querida madrina!

 ¡Hasta la Eternidad, Doctora Alicia!

 

Marcelo Grecco

18-12-2024




domingo, 20 de octubre de 2024

La Mirada de la Madre; la Mirada del Amor

 


Una simple mirada, pero tan profunda que en ella se resume todo su amor.

 Una mirada tan profunda que junta el enojo con la misericordia, la picardía y la complicidad;

Una mirada que frente al éxito del hijo contiene la alegría, la humildad de quien bien educó y el sano orgullo de ver que él creció;

Una mirada que cura el dolor, que opaca la tristeza, que anima en los fracasos, que motiva a seguir adelante;

Una mirada atenta que oculta el dolor propio, que disimula frente a la adversidad para no preocupar a los que ama;

Una mirada que parece pérdida en la lejanía, pero que es cercana a cada uno de los amados y sus problemas, a los que siempre le encuentra el camino;

Una mirada llena de ternura, de dulzura, de piedad, de grandeza y humildad;

Una mirada que ayuda a caminar y ya no importa la edad, a ella siempre se vuelve aún cuando ella ya no está o por lo menos no con la vista del tiempo.

A esa mirada llena de amor hemos de recordar hoy, una mirada que junto a la sonrisa ella ilumina siempre la mirada del hijo, del nieto, del hermano, del ahijado, del amigo, del amado;

La mirada de la madre, que es como decir, la mirada del amor mismo.

¡feliz día de la madre!

Marcelo Grecco

domingo, 2 de junio de 2024

No es más que un hasta luego: ¡Duc In Altun!

Puerta por la que entre el 6/12/1993 a la Sucursal Mataderos, 
en aquel entonces era uno solo CDD y Sucursal y el trabajo era 
todo manual

 Hace un tiempo largo que predico que hay que ser protagonistas y no víctimas. Estamos en una coyuntura difícil, en este sentido aplica con toda su extensión la palabra difícil y no desafío1.  A pesar de ello, no debemos sentirnos víctimas de las circunstancias, al contrario, deben ser motivadoras para tomar la iniciativa y asumir las decisiones, que sean las que sean, deben valorarse positivamente, pues toda elección es un enorme paso adelante, aunque todo quede igual. Bajo estas circunstancias es que elegí hacer realidad en mí, lo que siempre prediqué. 
Por eso, he tomado una decisión que vengo “rumiando” hace muchos años y que por distintas razones que no vienen al caso, nunca avance. Hoy, en total libertad (y sin sentido político de la palabra), he tomado la decisión de bajarme del barco del Correo, gran barco que me recibió hace más de 30 años para ser miembro de su tripulación. No lo abandono, simplemente una etapa ha culminado y me bajo para remar en mi barquilla hacia otros mares más profundos. Quizás encuentre otro barco que quiera subirme, quizás la barquilla crezca por sí misma… ¡qui lo sa!.  
Hoy viene bien aquello de: el pasado a la Misericordia, el presente al Amor y el futuro a la Providencia, a la que hay que acompañar con la acción personal.

Sé que no olvidaré todo lo que aprendí y viví en mi querido Correo, que no olvidaré a su gente hermosa, el más valioso capital que tiene esta empresa y que tuve el honor de conocer a lo largo y lo ancho de la Argentina. ¡Ellos sí que hacen Patria! 

Treinta años y seis meses pasaron, desde aquel momento en que entre por la puerta del Correo en mi querida “40” y pronto me encomendaron mi reparto, el "8 de la 40". 

Treinta años de aprendizaje, que comenzaron con aquellos carteros que, con las luces y sombras que todos tenemos y que el espejo de la vida nos revela, me enseñaron lo más importante: La conciencia por hacer bien nuestro trabajo, conciencia postal, que le dicen, respeto por el cliente, valor social del Correo. que muchas veces se desprecia o no se entiende.

He tenido el honor de valorar ese hermoso género literario, que es el epistolar, ese producto tan valioso que es el telegrama. Fui, como cartero, el último eslabón de una buena o mala noticia, de una carta de un hermano, madre o padre, amigo o hijo que estaba al otro lado del Océano, en una provincia o en un penal cumpliendo condena (no es este el lugar para la anécdota). Baja pronto, mama grave”, rezaba un telegrama, que en criollo era: ¡Viaja ya! Que la vieja se muere… 

Hoy todo cambio, las comunicaciones cambiaron, la sociedad cambio, pero sé que muchos (más de lo que pensamos) conservan esa conciencia postal, ese respeto por el cliente, ese valor por hacer bien el trabajo más allá de no tener todos los recursos y todas las condiciones. Hoy no llega una carta, si un remedio para un enfermo, un juguete para un niño que lo espera ansioso, un repuesto para ganarse el pan, etc. Son muchos, los que actúan bien. Miren, si sacamos la proporción que entre doce hubo un traidor, en un grupo de personas existe la posibilidad que el 8.33 % sea ese Judas, como ven la minoría. 

En lo personal espero no haberlo sido, de suyo estoy convencido que no y que en la 40, la 13, la 7, la Jefatura de Área, Capacitación, en mi trabajo como auditor de calidad y con el gran equipo de facilitadores, no fui ese Judas. Pude y seguro lo hice, haber cometido errores, pero fueron eso, errores no traiciones.

Hoy me despido y les digo perdón, por los errores cometidos, por si lastime a alguien con mis palabras, por si exasperé a otros por decir lo que debía decir, no para poner trabas, si no para poner sobre la mesa de quienes toman decisiones todas las herramientas y datos necesarios para el análisis. Perdón y sepan que siempre fue con buena onda y nunca con mala leche. 

Gracias por tanto cariño a lo largo y a lo ancho del país, por valorar mi trabajo con pequeños detalles, por respetarme y fundamentalmente por haberme ayudado a aprender y crecer en todo sentido. Saben, quizás sea una idea muy tonta de mi parte, pero sentirse valorado no pasa únicamente por un número en el Neto del Recibo de sueldo, aunque eso ayuda. 

Gracias a todos y a cada uno, los que lo lean y los que no, a todos los llevo en mi corazón. Lo hago, también. extensivo a esas hermosas personas del barrio de mataderos (L. De la Torre, T. Gordito, Cárdenas y mis queridos Perales), gracias a proveedores con quienes tuve el honor de trabajar, gracias por esas amistades que perduran y en las que el Correo ha sido solo un medio, amistades externas muy hermosas.

Gracias a quienes me brindaron su compañerismo, a quienes me honran con su amistad, a quienes me formaron, gracias a mis excelentes jefes de siempre, y a todos los que con sus virtudes y defectos me enseñaron mucho.

Son tantos que nombrarlos sería larguísimo y cometería demasiadas injusticias. A todos los que tomaron la decisión de quedarse, a los que eligieron marcharse y el recuerdo especial a los que partieron de este mundo, que son muchos y que su recuerdo perdura, les digo:

¡Gracias, una y mil veces!

Un último deseo o consejo, si puedo y me permiten darlo, quw más allá del lugar en que elijan estar,  cada mañana propónganse avanzar hacia los mares profundos y quizás, en un puerto de aguas profundas, volvamos a encontrarnos, esto no es un adiós, es nomás un hasta luego...

 A todos y a cada uno: 

¡Perdón y Gracias! 

A todos y a cada uno: 

¡Duc in altum! (¡Naveguen Mar adentro!) 

¡A más vernos! 

 

Marcelo Grecco (il postino por siempre) 

 

PD: Los veo en las redes 

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