Corrían los años de nuestra
infancia, donde las Fiestas Patrias tenían una importancia que se ha ido
perdiendo. No había feriados, había fecha Patria, así rezaban hasta los calendarios. Incluso se han hecho chistes sobre que alguno llevo ese nombre, por ser el nombre del santoral, no ese nombre pero muchos que se llamaron Argentina, fue por haber nacido en una "Fecha Patria".
En aquellas épocas, donde a la
familia, celula básica de la sociedad, no le habían pegado el tiro de
gracia, que sobrevino en los ochenta, no había feriado, los actos se hacían en el día conmemorativo, para permitir
a todos los familiares estar presente junto a sus hijos y hasta, en algunos
colegios, las Uniones de Padres o Cooperadoras, aprovechaban para realizar
encuentros que además de unir a la familia, generaban ingresos que permitían
mejoras a los colegios. Cabe aclarar que este cambio también surgió en la década del 80.
Agraciado por vivir en una esquina particular de mi barrio, frente a las plazas centrales (En aquel momento eran dos),, fui testigo privilegiado, desde
las ventanas de mi casa o incluso participando, de cómo se celebraba en
Versailles las Fiestas Patrias.
Entre las seis y siete de la
mañana se escuchaban las salvas que anunciaban que aquel día no era un día más,
no era un día de descanso, era una día para celebrar la Patria. Nos levantábamos
y nos saludábamos en la familia con el recordado: “¡Feliz día de la Patria!”o a veces entre mi padre y yo con aquello de : "En el día de la Patria, ¡Buenos días!",
Cercano a las ocho de la mañana comenzábamos
ver llegar a las comisiones de vecinos de las instituciones representativas del barrio y, casi siempre, a algunos efectivos de la
comisaría que venían desfilando por Lascano y doblaban por Roma, hasta el
centro de la plaza Ciudad de Banff. Allí donde se alza el gallardo mástil que
por la acción del padre Menvielle, primer párroco, se emplazó hace ya más de noventa años.
Se procedía a izar la Bandera,
con el tradicional aurora, a veces a capela y a veces acompañado de algún instrumento
musical de la banda. Finalizaba ese momento con el Himno y algunas palabras
alusivas.
Luego nos alistábamos para ir a nuestro colegio y participar del acto. Allí no faltaba el Pericón y otras danzas folclóricas, ni las tradicionales actuaciones de los momentos históricos. No había ninguna música extranjera, ni coreografías raras con música de la época. Casi siempre esos bailes tipicos eran guiados y diseñados por maestras, madres y familiares de los alumnos y, como no era mixto, venían hermanas de alumnos o hijas de maestras a ayudarno en la coreografía criolla. No era cuestión de estar a la moda, sino de vibrar con las tradiciones.
En
algunas de las fechas al volver al barrio, veíamos la plaza que ya estaba llena
de los alumnos de los colegios cercanos y de sus familias. Sonaban los acordes
de una Banda militar y alguna de las brigadas de la Policía hacía alguna
demostración o incluso, tengo bien presente cuando lo hicieron los bomberos, en
el camino que une las esquinas de Lascano y Lisboa con la de Arregui y Roma, cual si fuera extensión de la calle Dupuy (valiente patriota que defendió Buenos Aires del invasor Inglés y colaboro con San Martín en sus gestas, además de ser parte del 25 de mayo). En
otra oportunidad creo recordar la tradicional chocolatada y churros. A veces
ocupaba la mañana y otras toda la jornada.
A las seis de la tarde en punto, volvían las comitivas barriales para, con toda solemnidad, arriar la enseña Patria que había que había flameado durante todo el día. Desde mis ventanas fuí durante las largas horas de cada fecha Patria, testigo privilegiado de ese esplendor que unía Cielo y Tierra, que remitía a la Madre, que recordaba a los héroes de las Gestas Patrias, que brillaba en los patriotas de la Argentina grande, de la desconocida, la de tierra adentro, por eso me llevaba a mis antepasados riojanos y cordobeses, a mis antepasados inmigrantes que habían hecho de esta tierra su Patria. Allí se alzaba la misma que, "en Lujan es el manto de la Virgen Amada", como canta la hermosa canción atribuída al Padre Menvielle.
Había flameado su estampa durante toda la jornada, ahora era arriada con amor y patriotismo, con
silencio profundo, doblada hasta la próxima fecha solemne en que recordaríamos los
momentos trascendentes de esta Nación, pero quedaría en nosotros ese espíritu Patrio.
Caía el sol y el día culminaba,
no había sido un día más. Había sido un día donde, en nuestra Patria chica de
Versailles, miramos a la Patria grande, esperando y deseando que ella sea imagen
de la Patria celeste a la que todos estamos llamados a vivir en la eternidad.
Lic. Marcelo Grecco
25 de mayo de 2022
